Cuarto de maravillas

La familia Bélier

  • Estilo de vida
  • HACE 2 años, 5 meses
La Familia Bélier

La película parece empezar como una comedia de adolescentes, pero a medida que avanza los personajes van ganando entidad

Hay días que, nada más levantarse, una siente que tiene que salir de casa corriendo. Huir. Quitarte de en medio. Dejar de ver la cocina con los restos del desayuno, los dormitorios desordenados, que nadie te hable ni te pida nada del tipo «mamá, porfa, me puedes llevar a encuadernar estos apuntes?», y te larga quinientos folios llenos de papelitos de colores separándolos de tanto en tanto. O del tipo «cariño, acuérdate de llevar mi traje al tinte y el coche a la ITV» y tu asientes mientras piensas que el traje ese que le encanta tiene tantos años que no va a pasar la ITV…

Echarte a la calle sin rumbo normalmente te sale caro porque acabas entrando en tiendas donde no necesitas nada de lo que hay. Y tampoco quieres que nadie conocido te vea vagabundeando con cara culpable por saltarte tus obligaciones a la torera.

Así que hoy he probado una modalidad de escape nueva: sesión matinal de cine. Como he salido de casa tan pronto, me da tiempo de tomar un café mientras abren las taquillas, y elegir entre las pelis en cartelera. Me decido por La familia Bélier, película francesa que arrasó en Navidad en el país vecino.

Me acomodo en la butaca, se apagan las luces y empieza la película. Última mirada a mi alrededor y compruebo que no ha entrado absolutamente nadie en la sala, estoy sola. (¿no era eso lo que querías?).

La protagonista es Paula, una chica de 16 años que cae bien desde el inicio de la película, porque no es ni demasiado guapa, ni demasiado delgada, ni demasiado nada… una adolescente normal, que además lleva un chaquetón verde caza con capucha igual que uno que le regalé a mi ahijada las navidades pasadas. Vive en un pequeño pueblo francés (¿de Normandía?), en una granja, su padre se ocupa del ganado y su madre hace quesos. La peculiaridad de su familia es que ella es la única que oye. Y están acostumbrados a que Paula les haga de intérprete, tanto en el mercado donde venden sus productos, por teléfono con proveedores o en la consulta del ginecólogo (y ya podéis imaginaros las situaciones cómicas que se producen).

La película parece empezar como una comedia de adolescentes, con una protagonista tipo patito feo, achaparrada de hombros y siempre con jerseys anchos de lana, a la que no hace caso alguno el chico guapo de la clase. Y sin embargo, a medida que avanza, el resto de personajes van ganando entidad y dimensión humana.

Los padres son personas inteligentes, con sentido del humor y dignidad, «ser sordos no es un hándicap, es una identidad».

Es una familia unida, con unos padres que se gustan y se buscan permanentemente. La imagen de la madre con un mono de granjera ceñido a lo bestia en la cintura y jugando con sus rizos no tiene desperdicio. Es un personaje histriónico, delicioso, magníficamente interpretado por la actriz Karin Viard.

Al padre (el actor François Damiens) lo vamos conociendo poco a poco, su imagen ruda y primaria se va transformando a lo largo de la película, y acaba protagonizando con su hija alguna de las escenas más emotivas (no os preocupéis, en cuanto veáis la película sabréis a cuál me refiero).

El equilibrio de la familia se rompe cuando el profesor de música del colegio se da cuenta de que Paula tiene una voz maravillosa, «una pepita de oro en su garganta». Otro personaje masculino con mucha fuerza, cuarenta y pocos años, delgado, pelo más bien largo un poco canoso, aspecto cuidado sport casual (¿a que os está recordando a un director de orquesta que nos es familiar? aunque este sea más atractivo y el actor francés parezca su caricatura…). Y con él llega la banda sonora de la película, un homenaje a Michael Sardou, famoso cantante francés de los años sesenta en adelante. En palabras del profesor de música «Sardou es a la música pop francesa lo que Mozart a la clásica».

Lartigau hace una película, sencilla, entrañable, con personajes cercanos y divertidos y una dosis justa de emotividad

Y este nuevo ingrediente, la música, nos regala escenas tan intensas como el dueto de la pareja adolescente, cantando espalda contra espalda, para no dejar ver al otro los sentimientos que les produce la ardiente letra de la canción que interpretan (hacer palidecer a todos los Marqués de Sade, hacer ruborizar a las putas del puerto, hacer arder infiernos en tus ojos… ). A partir de ahí solo quieres que terminen de cantarla, oírla entera… ¿Tal vez al final?

Eric Lartigau hace una película, sencilla, entrañable, con personajes cercanos y divertidos, con una dosis justa de emotividad. Y desde la naturalidad, no es la discapacidad de la familia el argumento central. Es el pretexto para explicar la dependencia de muchos padres respecto de sus hijos, la dificultad que entraña asumir que tienen una vida al margen, independiente, y que normalmente no coincide con lo que los padres esperan de ellos. Que tienen que ser libres para elegir.

Salgo del cine reconfortada, me he reído, he soltado alguna lágrima sin pudor, porque no había quién me impidiera expresar los sentimientos como me diera la gana. No he hablado con nadie, no he mirado los whatsapp, ni leído el correo. Un rato solo para mí. Y vuelvo a casa contenta, porque he satisfecho mi impulso adolescente de huir (como la protagonista de la película) en apenas dos horas y tan solo por 7 euros (no era el día del espectador, si no, lo bordo).

La Familia Bélier
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