Cuarto de maravillas

El sofisticado lujo de lo natural

  • Estilo de vida
  • HACE 2 años, 1 mes

Una amiga acaba de volver de un viaje a las Maldivas (y a pesar de ello, sigue siendo mi amiga). Entre risas por mi cara de estupefacción, va enseñándome fotos de ese paraíso en la tierra, de playas de arena blanquísima y aguas turquesas y transparentes, peces de colores inverosímiles y maravillosos corales. Se alojó en una de las 1.200 pequeñas islas, de un kilómetro de longitud, en un bungalow tan lujoso que ni siquiera lo parece.

Bungalow en las Maldivas

Alguien, a quien casi no ves, se anticipa a todos tus deseos, un zumo de frutas, unas velas en la arena al anochecer, un picnic a la orilla del mar con copas de cristal, platos elaborado por un chef y presentados en preciosas vajillas. Mobiliario de madera, tejidos de algodón, toallas blanquísimas perfectamente colocadas en unos toalleros de bambú, hamacas sobre la arena con unos cojines mullidos e impolutos. Todo natural, sostenible, fabricado a mano.

Bungalow en las Maldivas

Aunque, por supuesto, no falta una excelente conexión a internet, unos ipods precargados con cientos de películas, aire acondicionado o un equipo de música de alta fidelidad. Todo organizado para que puedas soñar que eres un naufrago solitario en una isla perdida sin echar en falta ninguna de las comodidades de la civilización. El lujo más sofisticado es el más discreto.

Con la imagen en la cabeza de esos robinsones del siglo XXI, vuelvo a mi estudio y me enfrento a mi inmediata ocupación: la rehabilitación que tengo entre manos de un piso en Madrid. Intento pensar en un concepto de casa que le guste a la propietaria. Ella conoce el diseño contemporáneo, ha visto muchas casas de lineas puras, cubos que salen de otros volúmenes, casas vanguardistas, minimalistas y futuristas… y para seguir con la rima tendría que decir ahora que no está casada con un futbolista (perdón por el chiste malo, pero la verdad es que casi toda la plantilla del Real Madrid tiene casas de ese estilo en una de las urbanizaciones de las afueras de Madrid). Creo que ya está de vuelta de casas semi vacías, hiper ordenadas, donde hay un contenedor (vamos, como llaman ahora a las cómodas de toda la vida, pero con pulsadores invisibles en vez de tiradores y sin patas, que parezca que flote) diseñado para cada cosa.

Tampoco voy a atiborrar el baño de exuberante vegetación tropical, ni esconder la ducha entre palmeras o convertir el inodoro en un compostero

Casas de lujo natural

¡Ya lo tengo! ¡Lo que ella necesita es sentirse como en un resort de las Maldivas! A partir de ahora me voy a referir a ella como Mrs. Robinson (más por Crusoe que por Garfunkel, espero que no le moleste). Bueno, no voy a llenarle el salón de arena blanca ni de conchas y corales, sería muy incómodo cuando llegara su marido del trabajo con los zapatos castellanos. Tampoco voy a atiborrar el baño de exuberante vegetación tropical, ni esconder la ducha entre palmeras o convertir el inodoro en un compostero. El portero ecuatoriano se quedaría muerto si nos ve subir en el ascensor con una tortuga gigante o una bolsa de plástico transparente con peces de mil colores. No lo veo vestido con pantalón y guayabera blanca, bronceado, abriendo con una sonrisa de dientes blanquísimos la puerta del hall de entrada (creo que no sabe sonreír).

Pero sí puedo potenciar la luz natural, dejar que entre a raudales y su movimiento vaya marcando las horas del día. Sí puedo intentar que cuando Mrs. Robinson entre en el piso sienta que no ha sido rehabilitado, que los materiales son los naturales y adecuados para ese espacio, que todo ha sido así desde el origen. Que el lujo no se vea, sino que se sienta. Que cuando pise descalza el suelo de baldosa hidráulica no sienta frío sino la calidez de un material fabricado de forma artesanal y expresamente diseñado para ese espacio (aunque la sensación térmica se deba a la calefacción por suelo radiante, que para eso están los avances). Que la cocina no parezca un lugar donde trabajar, sino divertirse o relajarse, con libros, un sillón cómodo donde tomar un café mientras se lee el periódico (aunque la vitro sea de última generación y el horno súper pirolítico). Que no moleste una taza encima de un aparador, porque todo esté lleno de objetos útiles o bonitos, y la taza es la prueba de que la casa está vivida, habitada por gente que se quiere. Que cada mueble cuente una historia (llevo aquí toda la vida, ven, siéntate a mi lado y tócame, te voy a contar una de cosa de mis anteriores propietarios…). Que los tejidos y las tapicerías sean naturales y de colores bonitos, que transmitan sosiego y den serenidad.Baño reforma natural

En definitiva, que sea su paraíso perdido. ¿Lo conseguiremos? Os lo iré enseñando para que juzguéis.

Cuarto de maravillas
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