Elementos indispensables para decorar una terraza en Sevilla

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  • HACE 7 meses, 2 días

Nuestra blogger visita y analiza la terraza de la decoradora Yela Álvarez Ariza, un espacio con mucho encanto y estilo

Una tarde de primavera en Sevilla. El día está soleado, aunque unas nubes amenazan con quedarse alguna que otra jornada. La temperatura es perfecta para estar al aire libre y, de hecho, ya están poniéndose a punto la mayoría de terrazas, sustituyendo las setas de gas por los toldos y renovando plantas y mesas de exterior. Yo he quedado con una amiga decoradora, Yela Álvarez Ariza, para que me enseñe su terraza y me cuente cuáles son sus preferencias a la hora de elegir piezas que la hagan acogedora. Vive en un barrio creado en 1929 para acoger a los trabajadores de la Exposición Iberoamericana, sobre unos terrenos que en el siglo anterior se destinaban a pastos para el ganado que venía a la feria y a las prácticas de tiro del Ejército.

Llego a su casa después de pasar por una calle teñida de azul por las jacarandas, la Iglesia de Santa Genoveva y la puerta de un comercio –cerrado- cuyo cartel de azulejo reza «La Exquisita Sevillana. Especialidad en vinos, licores, ultramarinos finos y todo tipo de conservas». Me reciben Lola y Cayetana, unas Jack Russell –madre e hija-que no paran de olerme los pantalones (¡Ay, Thor, lo que disfrutarías aquí!). Subimos a la terraza con un zumo mientras nos vamos contando cómo nos ha ido esta Feria tan larga y recién terminada. -¡Qué pena que no le dieran la oreja a Morante! ¡Qué guapo estaba de negro y azabache! Bla, bla, bla. Y empiezo a fijarme en cada uno de los elementos necesarios para que la terraza de Yela invite a quedarnos en ella.

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Lo primero que hace falta en Sevilla es protegerse un poco del exceso de sol. El espacio, orientado a poniente, está cubierto por una pérgola de hierro muy ligera con forma de medio punto achatado. El sol del atardecer se tamiza al pasar por las cañas redondas, traídas de Marruecos (por aquí solo se encuentran las medias cañas) y dibuja rayas en las paredes blancas que van cambiando con las horas del día.

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Las plantas son indispensables en cualquier lugar al aire libre. Con la ayuda de su amigo Jesús Gómez, El Jardinero, Yela ha elegido plantas aromáticas: la albahaca de hoja grande la usa para cocinar, la de hoja pequeña para ahuyentar a los mosquitos (las coloca a los pies de la cama las noches calurosas de ventanas abiertas), tomillo de limón, hierbabuena y romero. Los cactus son otros de sus favoritos, todos esquejes que le da Jesús. También de él son la mayoría de las macetas, siempre de barro, como la grande del limonero. Calas al fondo arropando el sofá, un jazmín africano cubriendo la pared, una buganvilla y una gran bignonia que sube desde abajo con vocación de cubrir la pérgola.

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Son importantes unos asientos cómodos que propicien una charla o un rato de lectura; la pieza principal es el sofá, realizado por un herrero con unos cabeceros de cama antiguos comprados en Portugal, según diseño de Yela. Las sillas moradas de mimbre las compró en Tánger, en un mercado que hay los jueves fuera de la medina. La colección de sillas antiguas sirve para que Lola y Cayetana oteen en busca de algún gato –su pasatiempo favorito- o admitan más invitados. La beige es una réplica de unos veladores sevillanos, hecha hace unos años por su herrero.

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En toda buena terraza hace falta una mesa donde poder servir un aperitivo o unos zumos. La de Yela está hecha de barro y zellige (pequeñas piezas esmaltadas) traído de Esauira, una preciosa ciudad amurallada de la costa occidental atlántica de Marruecos. Otra auxiliar, de sobre de mármol, para replantar esquejes.

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El agua no puede faltar, ya sea para regar las plantas, baldear el suelo de barro –al fondo de la terraza hay una pila- o para refrescarse con una ducha hecha con un cubo de zinc adquirido en un mercadillo de Portugal, al igual que las regaderas.

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Como elementos decorativos, vemos una basa de columna y un capitel de mármol encontrado en una obra, una salamandra de hierro en la pared tras el limonero que sirve para sujetar una regadera, unos velones de madera antiguos.

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Para disfrutar de la terraza una de las cosas más importantes es estar acompañada: una amiga, un libro, unos perros… Lola y Cayetana no dejan sola un segundo a su dueña.

Y así, hablando de compras en mercadillos de Marruecos y Portugal, proyectando una escapada juntas, compartiendo recetas (la última vez que cené en su casa me encantó una salsa para la ensalada que aprendió el año que vivió en Inglaterra, enganchada –me confiesa- al programa de Jamie Oliver) va cayendo la tarde hasta que desaparecen las rayas de la pared, el sol se pone y la salamandra se esconde definitivamente detrás del limonero.

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