Libros que entran, salen y se quedan en tu mesilla de noche

  • Estilo de vida
  • HACE 4 meses, 16 días
ordenar-libros-p

La historia de cómo Lucia Berlin y su «Manual para mujeres de la limpieza» se ganaron un espacio en esa mesilla

¿Cómo ordenáis los libros en la biblioteca? ¿Por autores y, dentro de éstos, por orden alfabético? ¿Por temática? ¿Por procedencia? Podrá parecer absurdo, pero yo tuve durante muchos años los libros ordenados por el lugar de nacimiento de los autores: literatura sudamericana (en esa época mi marido viajaba muchísimo a esos países y siempre venía cargado de libros), europea, norteamericana, española y un bloque que llamamos «otros», donde metíamos a los autores japoneses, árabes o chinos. Cuando nos mudamos de casa decidimos que no era necesario saber de dónde era cada autor y adoptamos el sistema alfabético puro y duro. Hasta la siguiente mudanza, que pensamos que era mejor ordenar por temática: arte, historia, economía, derecho… Las novelas son otra cosa: ya no sabemos dónde están. Así que sólo tengo medianamente controladas las compradas en los últimos cinco años. Y dentro de éstas, mis favoritas están en una librería en mi dormitorio.

Pero hay un selectísimo grupo de libros que tengo apilado en la mesilla de noche. Cerca mía. Que pueda coger con solo alargar la mano en una noche de insomnio. O una tarde que te encierras un rato porque no soportas que nadie te hable. Salvo ellos. Casi siempre son los mismos, aunque a veces sale alguno para no volver y entra uno nuevo con vocación de permanencia. Hoy os quiero hablar del último que ha llegado para quedarse: «Manual para mujeres de la limpieza», de Lucia Berlin. Es un libro de cuentos en el que eliges una página al azar y encuentras, indefectiblemente, una historia que te atrapa, tal vez por su contenido, siempre por la manera de ser contada.

Hace pocos años que ha sido reconocida como una de las grandes escritoras norteamericanas

Lucía Berlin nació en 1936 en Alaska, hija de un ingeniero de minas que se traslada por distintos yacimientos hasta que marcha a la guerra en 1941 y ella, junto a su madre y su hermana, van a vivir a casa de sus abuelos maternos en El Paso, Texas. Cuando el padre vuelve se instalan en Chile, donde Lucia frecuenta la alta sociedad y vive como una chica de buena familia. A los 19 años se casa con un escultor con el que tiene dos hijos. Tres años después vuelve a casarse con otro bohemio, un músico, al que abandona pronto por otro, Buddy Berlin, de quién toma el apellido y con quien tiene a sus otros dos hijos. En 1968 se divorcian y acaba criando a sus hijos sola, aceptando empleos de todo tipo. A principios de los noventa vive en México con su hermana enferma y en 1994 empieza a dar clases en la universidad de Colorado. Fallece a los 68 años en Los Ángeles a causa de un cáncer de pulmón, instalada en el garaje de la casa de uno de sus hijos. Hasta hace pocos años no ha sido reconocida como una de las grandes escritoras norteamericanas.

luciaberlin2

Lucia tiene muchas voces, puede ser muchas personas distintas. En Estrella y Santos es la niña con curvatura en la columna a la que el uniforme le queda excesivamente largo –para que esconda el corsé ortopédico-, con dificultades para relacionarse con otros niños, a pesar de su anhelo por caer bien: «desde que me alcanza la memoria siempre he tenido un don para quedar mal» -¡por Dios, leed la escena en la que echa alpiste a los pájaros por la ventana!-. En El Tim es una joven profesora de español en un colegio católico, una antigua misión del siglo dieciocho construida por españoles. En Temps Perdu es una enfermera, distante y fría («si algo he aprendido es que cuanto más enfermo está un paciente, menos ruido hace. Por eso los ignoro cuando llaman por el interfono»), pero capaz de, mientras firma recetas, rememorar su primer amor, alternando sin problema las escenas tiernas e ingenuas de dos niños enamorados con lo escatológico de su realidad hospitalaria.

Otras veces es la chica de diecinueve años con un hijo y otro en camino, insustancial y mimada («a veces acababa pensando que si un tigre me arrancaba la mano a dentelladas y yo corría a buscar a mi madre, ella simplemente me soltaría un fajo de billetes en el muñón»), que acude a una clínica abortiva clandestina. Pero también puede ser una narradora ajena que observa a una solterona maniática. O una cincuentona que va a pasar una semana con un desconocido porque le gusta cómo escribe. Y todas esas mujeres son creíbles, todas son Lucia Berlin, y todas, por absurdo que parezca, tienen destellos de nosotros mismos.

Pero además de ser muchas personas, también tiene múltiples personalidades. A veces es increíblemente pija y frívola («tu madre va a suicidarse una y otra vez cuando se entere de esto»; «a la fiesta vendrán buenos partidos, en su mayoría, así que no nos gustará ninguno»). Otras es insegura -la ama de casa atribulada que va a la lavandería y echa la moneda en la lavadora equivocada, provocando la ira de otro usuario-, o implacable y firme: «si algo he aprendido es que cuanto más enfermo está un paciente, menos ruido hace. Por eso los ignoro cuando llaman por el interfono».

Todas ellas tienen algo de autobiográfico. Pero nos equivocaríamos, seguro, si intentáramos discriminar lo real de lo que es fruto de su imaginación. Muchas son historias tan absurdas que no tienen más remedio que ser reales. Dice de ella misma: «Exagero mucho, y a menudo mezclo la realidad con la ficción, pero de hecho nunca miento». «Mi madre escribía historias verdaderas; no necesariamente autobiográficas, pero por poco», corrobora uno de sus hijos.

A veces cuenta cosas banales, cotidianas, que saliendo de su pluma se convierten automáticamente en trascendentes, en extraordinarias, mientras hace lo contrario con las cosas importantes, trágicas: las desdramatiza con grandes dosis de ironía y un sentido del humor que no pretende ser gracioso. Tal vez como un modo de supervivencia, de autoprotección. «No llores. No dejes que nadie te conozca…el control exquisito, bla, bla, bla».

luciaberlin

Es capaz de hilvanar descripciones maravillosas, que nos hacen ver, como en un cuadro de Antonio López, cada uno de los detalles que encierra la escena; así, en el estudio de su abuelo dentista en El Paso, somos espectadores silentes, estamos allí mientras el viejo, con ayuda de su nieta, se arranca los dientes uno a uno antes de colocarse una prótesis perfecta, tan idéntica a sus dientes que nadie nota el cambio –y para qué se la hace, nos preguntamos-.

Su escritura es orgánica, eléctrica, dinámica, desbordante de vitalidad. Pasa de frases largas y descripciones lentas a la velocidad del rayo en la misma línea. Nos tiene en ascuas mientras leemos porque cambia el ritmo y el tema a su antojo, desconcertando y enganchando al lector.

Por eso se va a quedar para siempre en mi mesilla de noche. Porque a veces se necesita que alguien inteligente te distraiga.

Cuarto de maravillas
«Cuarto de maravillas» es un blog sobre cultura y estilo de vida. Un sitio donde descubrir curiosidades.

Más en Estilo de vida