Qué ver en Napoles y la costa amalfitana en tres días

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Nuestra blogger te da las claves para hacer un viaje express a esta zona de Italia y no te pierdas nada

Hay muchas ciudades en las que no es necesario entrar en un museo para conocerlas. Se pasea por las calles, se ven las iglesias y catedrales, se observa cómo la gente habla entre ellos y se comen los platos típicos. Nápoles podría ser de esas. Porque es tan impactante la contemplación del centro histórico, con sus calles estrechas y sus fachadas sucias, con sus gentes vociferando mientras las motos se apoderan de las inexistentes aceras, que parecería que ya tenemos la postal hecha, que ya hemos capturado su esencia. Pero yo creo que es mucho más que eso. Os cuento las diez cosas que considero más interesantes en una escapada corta a esta ciudad.

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1. Subir hasta el Palacio de Capodimonte para ver cómo la ciudad se desparrama desde arriba en dirección al mar, bajo la atenta y amenazadora mirada del Vesubio. El palacio, construido por el que luego sería Carlos III de España con la idea de albergar la colección de arte de su madre, Isabel de Farnesio, también es una belleza, con sillares de piedra oscura en las esquinas y marcando pautas en la fachada, contrastando con el paramento de color rojo pompeyano. En la actualidad es una de las mejores pinacotecas de Italia. Nosotros no entramos por falta de tiempo.

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2 Spaccanapoli, así llamado el centro histórico de la ciudad. Como os describía antes, no deja indiferente a nadie. O te atrapa o te quieres ir de allí. Edificios de paredes desconchadas, capas y capas de pintura de colores rojos y amarillos, graffities que no dejan un centímetro libre, coladas completas aireándose al sol y al viento que llega del mar, vecinas que se gritan de una acera a otra, comerciantes que sacan sus productos a la calle, camareros que te ofrecen mesa en una pizzería, motos que sortean a los peatones, etc. En este barrio se encuentra la Catedral y un grandísimo número de iglesias, así como la capilla que os cuento en el siguiente punto.

3 La Capilla de Sansevero, mandada construir como mausoleo por Giovan Francesco de Sangro, es una joya cuya visita es imprescindible. Raimondo de Sangro, séptimo príncipe de Sansevero, aficionado a la alquimia y las ciencias ocultas, encarga al escultor Giuseppe Sanmartino la talla del Cristo Velato, una de las más impresionantes de la historia. Bajo un paño muy sutil se aprecia la anatomía de Cristo un segundo después de la muerte, pues aún parece que late una vena del cuello. El resto de esculturas de la pequeña capilla, maravillosas todas ellas, están cuidadosamente pensadas dentro de un programa iconográfico de tipo iniciático, de acuerdo a la personalidad de Raimondo de Sangro, escritor, alquimista, inventor y Gran Maestre de la Masonería del reino de Nápoles.

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4. El Barrio español participa de muchas de las peculiaridades del centro, aunque sus calles están en cuadrícula y es más fácil orientarse. También las motos con dos o más ocupantes (hasta un perro hemos visto de copiloto) muchos de ellos sin casco -¡qué tiempos aquéllos en los que éramos jóvenes!-se deslizan cuesta abajo a toda velocidad hacia la vía Toledo. En este barrio se encuentran algunas de las mejores trattorias napolitanas.

5 La plaza del Plebiscito, al final de la Vía Toledo, tiene carácter de plaza de armas del Palacio Real que la preside. De frente se abre la columnata de la Basílica de San Francisco de Paula, una enorme iglesia de planta circular, con la clave abierta, que recuerda al Panteón de Agripa. La plaza se cierra en los otros dos lados por el Palacio Salerno (atualmente el Café Gambrinus, uno de los más bonitos de la ciudad, que nos recuerda sus épocas de esplendor) y el Palacio de la Prefectura. Muy cerca, la Galería Umberto I, en fase de restauración, y el Teatro San Carlo, el más antiguo del mundo aún activo y que sirvió de modelo a otros teatros de ópera europeos.

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6. Pasear por Chiaia a la vuelta de una visita a los castillos Sant Elmo y del Ovo, y tomar un café contemplando el golfo de Nápoles en el paseo marítimo, uno de los lugares favoritos de las familias con niños los días festivos.

7. Comer en alguna trattoria de comida casera napolitana. Nosotros repetimos en «A´Cucina Rá Casa Mia», impresionante los spaguetti con gamberoni y la melanzane allá parmiggiana con tomate (las mejores berenjenas que he tomado nunca, va a ser verdad que las hacía el abuelo).

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8. El Museo Arqueológico Nacional, cuyo origen y formación se deben a Carlos III de Borbón, es una visita obligada para apreciar de verdad la riqueza patrimonial de esta ciudad. Es de los poquísimos museos del mundo -¿tal vez el único?-que tiene una completa colección de época romana de las tres artes decorativas suntuarias: pintura, escultura y mosaicos. Las esculturas que hereda de su madre, Isabel de Farnesio, situadas en la planta baja, son de las mejores del mundo clásico greco-romano, pero lo verdaderamente único se encuentra en las plantas 1 y 2: mosaicos y, sobre todo, pinturas (tablillas de madera y cera o murales) de Pompeya, pues el rey Carlos III es el primero que ordena excavar las ciudades que quedaron sepultadas por el Vesubio. Recorriendo las salas nos podemos hacer una idea de cómo eran las casas nobles romanas, cómo embellecían las paredes con pinturas murales, los suelos de mosaicos con escenas cotidianas o alegóricas y las esculturas que decoraban sus jardines.
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9. Si queremos visitar la ciudad de la que provienen la mayor parte de las piezas anteriores, podemos acercarnos a Pompeya o Herculano. Nosotros alquilamos un coche y en apenas media hora nos encontrábamos recorriendo las calles de Pompeya. Es la única ciudad antigua que se encuentra en estado original, sin modificaciones posteriores, congelada en el tiempo. Por eso nos da una idea veraz de los modos de vida del siglo I.

10. La costa Amalfitana es la otra excursión obligada para todo el que pasa más de dos días en Nápoles. Está a pocos kilómetros de la capital, pero en un día soleado y festivo los atascos pueden ser mortales. La carretera, construida sobre el acantilado que da al mar, es el único modo de acceder a estos pueblos pintorescos del golfo de Salerno. Nosotros fuimos un domingo, después de Pompeya, y tardamos más de dos horas en recorrer los últimos veinte kilómetros, de Amalfi hasta Vietri Sul Mare, desde donde se accede nuevamente a la autovía. Es llevadero si vas con amigos, oyendo a todo volumen a Kenny Rogers en el estupendo equipo de sonido del Opel Corsa de alquiler.

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