Cuarto de Maravillas

Una Tosca de ojos rasgados

  • Estilo de vida
  • HACE 1 año, 9 meses
La ópera Tosca en Sevilla

Si tuviera que aconsejar a alguien que se quiera iniciar en la ópera, Tosca sin dudarlo

El público sevillano no defrauda cuando de una ópera italiana se trata. Especialmente si es Puccini. Y no digamos si es Turandot, La Boheme o Tosca. Mi primera vez fue con Butterfly, por eso le tengo un cariño especial, aunque luego he tenido la fortuna de ver representar Turandot en Torre del Lago Puccini, al aire libre (sí, todo maravilloso, pero se fue la luz del lago en mitad de la representación y estuvimos media hora esperando que lo arreglaran sin saber si el osado príncipe averiguaría el acertijo o lo condenarían a muerte).

Pero si tuviera que aconsejar a alguien que se quiera iniciar en la ópera, Tosca sin dudarlo. La música es preciosa, los personajes interesantes y hay tanta acción que no se aburre uno. Todo transcurre en Roma en un intervalo de 24 horas, con intrigas políticas, una fuga, dos asesinatos y dos suicidios. Y con el hilo conductor de una intensa historia de amor. No falta de nada.

La Tosca que estos días se representa en Sevilla es una coproducción del Gran Teatro del Liceo de Barcelona y del Teatro de La Maestranza de Sevilla. Una de las pocas ventajas de la crisis es que se apuesta en las producciones por los valores seguros, los que saben que van a llenar. Un inconveniente es que normalmente se ahorra en decorados y se abusa de efectos lumínicos para suplirlos.

Los intérpretes son la soprano china Hui He, en el papel de la famosa cantante Tosca, Jorge de León, tenor canario, como el pintor Mario Cavaradossi y Ambrogio Maestri o Juan Pons como el barón Scarpia, jefe de la policía.

Con mi lentitud habitual, cuando fui a comprar la entrada sólo quedaban en segunda de balcón, lo que no deja de ser una ventaja en este caso, porque ver a una Tosca china muy de cerca, en lugar de una italiana morena (una tipo Gina Lollobrígida me imagino yo) creo que me hubiera distraído. (Seguro que está maravillosa como Turandot o Butterfly).

La ópera Tosca en Sevilla. J.M. Serrano

La primera escena es en la iglesia de Sant`Andrea della Valle, donde se refugia Angelotti (cónsul de Roma destituido que se acaba de fugar de la cárcel). Allí se encuentra a Mario Cavaradossi, pintor enamorado de Floria Tosca, que le proporciona ayuda para esconderse. El retablo de la iglesia es una estructura cóncava sobre la que se proyectan cuadros conocidos por los sevillanos, (¿cuáles pondrán en Barcelona?) guiños que gustan al público local. Me parece un poco frío, tanto la música como los intérpretes, aunque con la entrada en escena de Scarpia y los acordes que lo acompañan se empieza a ganar en intensidad.

Lo malo de estar en balcón es en el intermedio. Para tomar algo tienes que bajar las escaleras, empujar a un montón de gente hasta llegar a la barra, y cuando por fin encuentras una pequeñísima esquina para apoyar la copa, empieza a sonar la música que avisa de que faltan cinco minutos. ¡Uff! Das un sorbo al vino y vuelves a oir la música, que empieza a parecerte amenazante y cada vez más rápida -aunque mi hija dice que son imaginaciones mías-, que te obliga a dar tragos cada vez con más frecuencia y más intensos, hasta sentirte como en el Bar Coyote empinando el codo de forma muy poco elegante. Y encima pasar la vergüenza de levantar a toda una fila hasta llegar a tu asiento, estresada y sudorosa.

La ópera Tosca en Sevilla. J.M. Serrano.

Menos mal que el segundo acto te atrapa rápidamente con Scarpia urdiendo su perverso plan para obligar a Tosca a caer en sus brazos. El decorado se ha girado para volverse convexo, y en lugar de los cuadros de las santas de Zurbarán sólo vemos un ojo gigante o un trozo de nariz en cada nicho, lo que contribuye a crear una atmósfera angustiosa, como si nos vigilaran, nos olieran, muy adecuada a las dependencias del Palazzo Farnese donde se encuentra el despacho del Jefe de policía, el malvado Scarpia. A la derecha de la escena una enorme cortina roja oculta el interrogatorio y tortura de Mario, cortina que caerá con gran dramatismo, dejando al descubierto una enorme jaula con personajes desnudos y moribundos.

En el tercer acto los personajes son puro sentimiento y la música les ayuda a expresarlos. El aria «E lucevan le stelle» es uno de mis favoritos: nos muestra a Mario evocando sus encuentros amorosos con Tosca y dejándose llevar por la desesperación más profunda al saber que no se repetirán jamás. Es desgarradora la frase final «nunca he amado tanto la vida» ante la inminencia de su ejecución.

Y aunque Floria Tosca nos intenta convencer a Mario y a nosotros de que Scarpia ha simulado su ejecución, de que es una farsa ese pelotón que apunta al reo, estamos con la mosca detrás de la oreja mientras contenemos la respiración.

Os desvelo el final: se mueren todos.

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