Clare Waight Keller
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MODA

Clare Waight Keller o el regreso de la elegancia a Givenchy

La casa francesa ha recurrido a la creadora británica para recuperar el glamour sutil de

su fundador

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Por fin la gran marca creada por el elegante Hubert de Givenchy(90 años) puede vivir una segunda edad de oro. La casa, que nació en 1952 a manos de uno de los más prolíficos discípulos de Balenciaga, llevaba 12 años bajo el timón creativo de Riccardo Tisci, un italiano que no ha sabido otorgar la sutileza y el chic merecido a la maison. Ahora es el turno de Clare Waight Keller, una creadora prudente y respetuosa con el ADN de las casas de costura históricas con las que ha colaborado en el pasado.

Givenchy, que en su día había significado el renacer de un estilo juvenil pero elegante y cuidado, encarnado a la perfección por Audrey Hepburn, llevaba años apolillada, tras su venta al grupo LVMH. El conglomerado, con tantas marcas y tantos frentes abiertos, daba lógica prioridad durante décadas a las dos etoiles en su haber: Louis Vuitton, la máquina de hacer dinero más sólida del sector, y Christian Dior, la niña bonita de Bernard Arnault y la primera empresa del sector que hizo suya, una apuesta más personal.

Cóctel y noche

Hubert de Givenchy, el niño guapo de la moda francesa de los años 50, concebía la moda de un modo relativamente similar al de su mentor, Cristóbal Balenciaga, creando piezas de lineas depuradas pero de gran complejidad. Su especialidad eran los vestidos de cóctel y de noche, innovadores y de gran calidad. En 1995, cuando ya era parte del grupo LVMH, John Galliano se convirtió en su director creativo, aunque sus tremendas capacidades hicieron que los directivos le recolocasen a bordo de Christian Dior, donde consiguió un sorprendente resultado que acabó una década más tarde con gran polémica.

Hubert de Givenchy en su taller en los años 60
Hubert de Givenchy en su taller en los años 60- ABC

Le sucedió en el cargo el brillante Alexander McQueen, que dejo poco después la enseña y se lanzó al Grupo Gucci, gestionado entonces por Domenico De Sole, el verdadero jefe a la sombra de Tom Ford. Fue uno de los pocos directivos –junto a la que escribe– que pasó de LVMH al Grupo Gucci. Ambos cruzamos ese delicado puente en junio de 2001. Allí, McQueen, con el apoyo incondicional de De Sole, creó su propia y exitosa marca.

Julien McDonald siguió la estela de McQueen en Givenchy, si bien con pobres resultados. Y desde el comienzo del nuevo milenio, la marca parisina no volvió a lucir el mismo brillo de antaño, si bien crecieron las ventas progresivamente. La llegada de Riccardo Tisci a la empresa para llevar la alta costura y el prêt-à-porter difuminó la imagen previa de Givenchy, tornando sus colecciones en oscuros desfiles, tantas veces excesivamente góticos y a menudo relacionados con el hip hop, apadrinando a personalidades como Madonna, Kanye West o Kim Kardashian.

Audrey Hepburn, icono de la firma
Audrey Hepburn, icono de la firma- ABC

Ahora que Tiscise ha marchado a Versace con su amiga Donatella, en Givenchy se respira aire puro de nuevo. Una mujer capaz y creativa ha tomado las riendas. Se trata de Clare Waight Keller, una británica que llevaba un lustro a cargo de la marca Chloè, y que promete ser fiel al estilo de la marca. En su cuenta de Instagram, la empresa se presenta ahora con una reveladora cita de Hubert de Givenchy: «La elegancia verdadera se consigue con naturalidad y simplicidad».

Magia y lógica

La admiración que siente Waight Keller por Hubert de Givenchy no debe haber sido la clave, puesto que el 99% del sector es unánime en cuanto a la valía del «lord» de la moda. Lo que sí parece haber sido definitivo para la contratación de Clare ha sido su fuerza, su capacidad de crear, sus marcadas emociones y su bagaje adicional en Gucci o Ralph Lauren. Con Clare es probable que desaparezcan las camisetas impresas, las sudaderas, las zapatillas de deporte y todos esos elementos que hacían de Givenchy una marca similar al Balmain de Rousteingo al feista y extinto Balenciaga de Alexander Wang. Además de ese «interesante equilibrio entre la magia y la lógica» que sus nuevos jefes han descrito, quizás la mejor razón para contratar a Clare Waight Keller haya sido su estilo, tan opuesto al de Riccardo Tisci, con el que se pretendería volver a la sutil grandeza que un día conquistó a Wallis Simpson, Jackie Kennedy o Audrey Hepburn.