La fábrica de caprichos para los superricos

El Laboratorio de Diseño de Peugeot es el secreto mejor guardado de la industria automotriz. Allí se crean muebles, joyas y vehículos para los clientes más «vip». Bienvenidos a la última frontera del lujo

MadridActualizado:

Para entrar en el Laboratorio de Diseño de Peugeot, ubicado en el coqueto distrito de Versalles, a veinte kilómetros de París, hay que atravesar tres puertas blindadas. Cada una de ellas tiene su código de seguridad. No sobran medidas de vigilancia para proteger lo que Jorge Tomé, director de Peugeot para España y Portugal, ha definido como «la joya de la corona» del centenario consorcio automovilístico francés, «un templo de la innovación y la vanguardia».

Una vez dentro, un piano de cola de líneas futuristas nos da la bienvenida. Fue una de las primeras creaciones de este estudio, un encargo especial de la legendaria fábrica francesa Pleyel, la preferida de Chopin y Liszt. Construido en madera, cuenta con una tapa de fibra de carbono y se sostiene sobre una pata única con aires automovilísticos. «Nos llevó dos años desarrollarlo. Fue un proyecto muy innovador, así que dedicamos un año a la investigación y otro a construir el prototipo», explica el ingeniero irlandés Cathal Loughnane, director del Laboratorio desde su creación en 2012. «El sonido es único», añade mientras desliza sus dedos por las teclas. No debe ser para menos. Cuesta 185.000 euros y solo hay otros dos ejemplares en el mundo.

Doscientos años de diseño

Lo insólito del «design lab» de Peugeot es que ha sido fundado para diseñar de todo... menos coches. Solo mirando atrás se puede entender la decisión. La empresa automovilística fundada por los hermanos Jean-Pierre y Jean-Frédéric Peugeot nació en 1810 como una fábrica de molinillos de café, herramientas de acero y pimenteros y saleros de mesa. Dos siglos después, se venden tantos coches de la marca francesa como pimenteros: tres millones al año. «Poca gente sabe que hasta 1889 nos dedicábamos a crear muchas cosas que no eran automóviles, como máquinas de cocer o miriñaques. Estamos recuperando ese legado», dice Loughnane, que lleva diecisiete años en el negocio.

Y aunque en el «design lab» no se esbozan automóviles, todos sus empleados son o han sido diseñadores de coches. «Contamos con un equipo de veinticinco profesionales, aunque la cifra varía porque nuestro estudio tiene una estructura muy flexible», señala su director. El tamaño del estudio se adapta a las necesidades de cada proyecto y siempre cuenta con el apoyo de los más de 4.000 ingenieros de la central parisina de Peugeot.

Para el desarrollo del sofá Onyx, por ejemplo, participaron una decena de artesanos que tardaron diez meses en fabricar este banco de tres metros de longitud hecho en fibra de carbono y «Volvic», una piedra volcánica incrustada en la pieza. «Cuesta 120.000 euros y está a la venta», revela Loughnane. No son precios aptos para gustos austeros o bolsillos pequeños. Quizá por ello sus principales clientes sean grandes consorcios, como Alstom, Bombardier o Airbus. «Por ahora no tenemos clientes particulares, pero estamos capacitados para atenderles. El estudio es muy joven», reconoce el director.

El proyecto más caro hasta la fecha ha sido un helicóptero para Airbus, el H160, un transporte ejecutivo de alta gama solo comparable a un jet privado. No revelan su precio, pero supera con holgura las siete cifras y está al alcance de aquellos dispuestos a pagar una pequeña fortuna para evitar los odiosos atascos de la ciudad.

De aviones a patinetes

En el currículum del «design lab» también figuran el tranvía de la ciudad de Estrasburgo; un catamarán de 35 metros de eslora para JFA Yachts destinado a la investigación en alta mar; una tabla de surf para el Festival de Velocidad de Goodwood (Inglaterra); un reloj para la firma suiza Pecqueur, y un sinfín de bicicletas y scooters con el icónico sello del león plateado. «Pero lo más difícil que hemos hecho hasta ahora es una camioneta foodtruck que se abre recreando una cafetería, un restaurante y hasta una sala de fiestas. No es solo un coche conceptual, sino también un restaurante totalmente funcional».

Ahora el estudio está ultimando los detalles del lanzamiento del Hybrid Kick, un patinete eléctrico ultraplegable creado conjuntamente con Micro. Saldrá al mercado en el mes de mayo y costará aproximadamente mil euros. Loughnane y su equipo están entusiasmado con este lanzamiento. «Somos la única empresa que fabrica todo tipo de vehículos: coches, bicicletas, motos y patinetes. Ya no somos una empresa automotriz, sino proveedores de movilidad», dice Loughnane. «Este negocio es como el de la moda: cada año tenemos que presentar varias colecciones de nuestros productos, renovarnos. Todos ellos tienen que ser cosas bellas y contar una historia». ¿Cuál será la próxima? «Es top secret», se excusa.