Cristóbal Balenciaga, en su taller de París en 1968
Cristóbal Balenciaga, en su taller de París en 1968 - HENRI CARTIER-BRESSON/V&A

Homenaje a Balenciaga en Londres por el centenario de su primer taller

El museo Victoria & Albert anuncia la primera exposición en el Reino Unido dedicada al genio español de la moda

CORRESPONSAL EN LONDRESActualizado:

Coco Chanel, que se supone sabía de lo que hablaba, dedicó el mayor de los elogios de su gremio a Cristóbal Balenciaga Eizaguirre (Guetaria, 1895 – Jávea, 1974): «Él es el único de todos nosotros que es un verdadero costurero, capaz de diseñar, cortar, montar y coser un vestido de principio a fin».

El Victoria & Albert de Londres, el mayor museo de artes decorativas del mundo, anunció ayer que Balenciaga será la estrella de su programación de primavera, con la primera exposición que se dedica en el Reino Unido al genio español de la alta costura. «Balenciaga, modelando la moda» se inaugurará el 27 de mayo y mostrará cien prendas y veinte sombreros diseñados por el maestro del corte exacto. Además, se desvelarán con técnicas de rayos X los secretos de la engañosa simplicidad de su ropa.

La muestra celebrará el centenario de la apertura de su primera tienda en San Sebastián, que continuó de inmediato con dos más en Madrid y Barcelona. También conmemoran los ochenta años de su llegada a París, huyendo de la guerra civil, donde abrió taller e impartió clases de glamour en la avenida de Jorge V. La mayoría de las prendas forman parte de la propia colección del V&A. La entrada costará 12 libras y la cita permanecerá en cartel hasta febrero de 2018. Ayer medio centenar de periodistas acudieron a la presentación en el museo de South Kensington y frieron a fotos los tres vestidos mostrados como aperitivo, lo que acredita el magnetismo que conserva el apellido Balenciaga.

Cassie Davies-Strodder, la comisaria de la exposición, una especialista en moda que dirigió en su día muestras sobre el guardarropa de las princesas Margarita y Diana, valoró así al modisto vasco: «Fue uno de los diseñadores de moda más influyentes del siglo XX, reverenciado por sus contemporáneos, entre ellos Coco Chanel y Hubert de Givenchy. Su exquisita artesanía, un uso pionero de la tela y su corte innovador marcaron el tono de la modernidad en la moda del siglo XX».

La comisaria destacó también que por primera vez se hará un estudio «casi forense» de sus prendas más icónicas de la colección del V&A, «que revelará qué es lo que hace sus diseños tan excepcionales».

No es la primera vez, ni será la última, que un gran museo se rinde al talento de Balenciaga, un hombre enigmático, que siempre mantuvo su reserva y distancia a pesar de moverse en un entorno mundano, con clientas como Marlene Dietrich, Ava Gardner, o la plutócrata Mona von Bismarck, y discípulos como Hubert de Givenchy, Ungaro, Paco Rabanne u Oscar de la Renta. Personaje ascético y detallista, no dejaba fumar en su estudio ni casi hablar. También protegió con celo su vida privada, aunque fue notoria su relación con el amor de su vida, el atractivo noble franco-polaco Wladzio d’Attainville, cuya muerte en 1948 constituyó el drama de su vida, que llegó además en una etapa mala, pues un año antes se había desatado el gran desafío de Dior con su «New Look».

Desde 2011 cuenta con un gran centro que recuerda su obra en su Guetaria natal. En 1973, el Metropolitan de Nueva York le abrió sus puertas y mostró 180 de sus vestidos al lado de cuadros de algunos de los artistas españoles que tanto admiraba, como Velázquez, Goya o Picasso. «El prestigio queda, la fama es efímera», senteciaba Balenciaga, al quien el tiempo ha dado la razón. El diseñador era muy consciente de que la moda es un arte: «Un buen modisto –explicaba- debe ser un arquitecto para los patrones, un escultor para la forma, un pintor para los dibujos, un músico para la armonía y un filósofo para la medida».

Balenciaga, hijo de una costurera y un marinero que se ahogó cuando él tenía solo once años, supone casi un milagro. Era el menor de cinco hermanos y desde niño sintió curiosidad por el trabajo de su madre y empezó a dibujar vestidos. La modista contaba con distinguidas clientas, en la era en la que San Sebastián reinaba como meca del veraneo elegante español. Una de ellas, la marquesa de Casa Torres, sabedora del interés del adolescente Cristóbal, lo retó a que estudiase y copiase uno de sus vestidos. El fantástico resultado logrado por el chico inició el mito. Con solo 19 años instaló ya taller y tienda en San Sebastián.

En un curioso bucle del destino, en 1960, un Balenciaga otoñal se encargó del vestido nupcial de Fabiola de Mora y Aragón, futura reina de los belgas. Fabiola era nieta de su primera mentora, la marquesa de Casa Torres. El diseñador declaró a la alta costura «herida de muerte» en 1968 y en julio de aquel año cerró por sorpresa su taller, sin aviso alguno a sus empleados. Pasó sus últimos días en su casa de Altea, entregado a su gusto por el arte, la gastronomía y la buena conversación amical. Murió de un infarto, que lo sorprendió descansando en el parador nacional de Jávea.