Isabel Pantoja, en la presentación de su disco
Isabel Pantoja, en la presentación de su disco - ABC

Isabel Pantoja se retira de una demanda para no verse con Julián Muñoz

La tonadillera está viviendo su particular resurgir arropada por la discográfica

MADRIDActualizado:

Con un chute de optimismo en el cuerpo tras el éxito que ha cosechado con su gira dentro y fuera de España, Isabel Pantoja está viviendo su particular resurgir arropada por la discográfica Universal. Los responsables de ese sello son los que hoy dirigen los pasos de la cantante y se han convertido en sus centuriones particulares, evitando que caiga en manos de otros asesores que puedan obstaculizar su regreso a los escenarios y, sobre todo, su resurgir como artista.

Isabel confía plenamente en su gente y de ahí que no esté dando ningún paso que no autoricen. Tal es la influencia que ejercen sobre ella, que hay quien considera que la tienen casi «secuestrada», pero seguramente los que así piensan son precisamente los que ya no pueden aprovecharse del tirón de la Pantoja, una mujer que ha sabido capear con todo tipo de situaciones.

Envuelta en este halo de renacer y mirar hacia el futuro, a Isabel le ha llegado la noticia de que el próximo mes de mayo tiene un juicio en Madrid por la demanda que puso junto a Julián Muñoz hace diez años contra la productora Cuarzo, por la publicación de unas cartas que ella le había escrito al exalcalde de Marbella tras enterarse de unas supuestas infidelidades. Ha llovido mucho desde aquel escándalo y hoy la artista lo que menos quiere es seguir con esa demanda que presentaron sus anteriores abogados y que ya no recordaba.

Es lo que tiene la lentitud de la Justicia en este país, que para cuando llegan los casos uno ya ni es el mismo ni está en las mismas circunstancias. Además, este caso se llevó por la vía penal y eso agrava un asunto que hoy Pantoja quiere olvidar, de ahí que haya dado instrucciones para que no avance el proceso y, sobre todo, para no tener que ir al juzgado y encontrarse con un Julián Muñoz, al que no quiere ver ni en pintura.