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Paula Echevarría: Su vida diaria, a golpe de patrocinios

Instagram quiere empezar a informar de los contenidos que se publican que, en realidad, son publicidad encubierta

Paula Echevarría
Paula Echevarría - Instagram

Los rumores que apuntaban a una separación entre Paula Echevarría y David Bustamante corrieron como la pólvora a finales de marzo. Desde entonces, «la actriz que más marca tendencia en España», según datos de la agencia Personality Media, ha seguido con su proyectos profesionales y compromisos publicitarios. Durante todo el mes de abril, visitar el perfil de Instagram de Echevarría era casi una obligación para ver si había publicado alguna foto que pudiera esclarecer su estado de ánimo o, incluso, algún acercamiento de ella hacia su todavía marido y viceversa.

Así se pudo comprobar que ambos continúan siguiéndose en las redes sociales, también que se intercambian «me gusta» en cualquier publicación. Hubo algo todavía más llamativo durante aquellas semanas: las publicaciones diarias de Echevarría en Instagram y en su blog continuaban. En todas ellas anunciaba su colección de gafas de sol, su perfume, una marca de relojes, productos de cosmética o firmas de ropa.

Aunque los más de 700 millones de usuarios de Instagram en todo el mundo saben que este tipo de publicaciones son fruto de una estrategia publicitaria llevada a cabo por las marcas -que saben que les resulta más económico pagar a una influencer para que anuncie un producto determinado-, ahora la red social quiere empezar a informar de los contenidos que se publican que, en realidad, son publicidad encubierta.

Se avecinan cambios

Un estudio reciente de la firma de marketing Mediakix ha concluido que el 93 por ciento de los patrocinios no están etiquetados con suficiente claridad para que los usuarios entiendan que están ante un anuncio. Por eso, en los próximos meses, según ha confirmado esta semana la plataforma a través de un comunicado, lanzará una opción llamada «Paid partnership with» por la cual se informará en los mensajes e imágenes publicadas sobre la «relación comercial» que existe entre los «influencers» y una firma determinada.

Con más de 1,7 millones de seguidores en su cuenta de Instagram, Paula -y todos los «influencers» que cobran por publicaciones en Instagram- deberá informar de todos los contenidos patrocinados. Instagram, la mina de hacer dinero a costa de adeptos y fans, pincha su propia burbuja. En realidad, este tipo de negocio no es nada nuevo: no hace tanto que la misma Isabel Preysler lucía en el papel cuché una falda de Loewe y la prenda se agotaba en 24 horas.

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