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Versace, dos decádas después de la muerte de Gianni

Riccardo Tisci, director creativo de Givenchy, se perfila como el hombre que puede despertar a la firma italiana de su letargo

Versace, dos decádas después de la muerte de Gianni

Gianni, Santo y Donatella Versace fueron el triunvirato del éxito en la moda de los años 80 y principios de los 90. Nadie podía disputarles la supremacía, porque la explosiva combinación que resultaba de unir a Donatella como musa, a Santo como gestor y a Gianni como talento creativo, era imbatible. Pero hace ya 20 años que se acabó aquel milagro que ahora se pretende resucitar.

La vida tediosa de una modista de la ciudad sureña de Reggio Calabria, se vio animada por los juegos de sus tres hijos, Santo, Giovanni y Donatella, nacidos a finales de los años 40 literalmente en la zona de Italia que representa la «punta» de la bota. Con pocas noticias que no fuesen los ajustes de cuentas y crímenes de la temida ‘Ndrangheta -la mafia calabresa- Francesca Versace trabajaba en su taller frecuentemente acompañada por su hijo Gianni, el segundo, que disfrutaba leyendo a Homero entre telas y mesas de corte. A Gianni le gustaba ayudar a su madre a idear atuendos y solía buscar hilos dorados y grecas inspiradas en frisos de la Grecia antigua. La herencia romana y griega en la zona de Calabria siempre inspiró al joven Versace.

A los 18 años, Gianni Versace se fue a estudiar arquitectura en Milán, pero comenzó a hacer pinitos en temas de moda, que empezó a vender en tiendas multimarca. Pronto abrió su propia tienda en Milán y comenzó a desarrollar el fino arte de asociar sus creaciones a estrellas femeninas de la moda y el cine. Empezó con las italianas, pero les siguieron personalidades conocidas en los cinco continentes, desde Liz Taylor a Naomi Campbell. Versace dominó la alfombra roja antes que nadie y supo convertir en amigas a sus clientas, algo que otros replicaron.

Eran los 80, la década del derroche y la exageración, y los diseños de Versace -explosivos, brillantes y llenos de escotes- se convirtieron en el atuendo predilecto para «dar el golpe» en las noches de gala más renombradas. Su fama se extendió como la pólvora y a mitad de los 90 amplió sus colecciones hasta crear prendas más discretas, que incluso la mismísima Diana de Gales acabó utilizando. De aquella época quedan sus famosas campañas con las top models del momento y la publicidad con fotos de Madonna retratada por Steven Meisel.

Pero el asesinato de Gianni a las puertas de su mansión de Miami, cuando venía de pasear por la playa, dio al traste con el proyecto Versace. Andrew Cunanan, obsesionado por él, le mató con dos tiros el 15 d ejulio de 1997, para suicidarse después. O esa, al menos, es la historia que nos han contado…

Su legado, ahora en manos en sus hermanos Santo y Donatella, fue heredado al 50% por Allegra Beck, sobrina del modisto e hija de Donatella, que entonces contaba solo con 11 años. Otra parte de la herencia fue adjudicada al novio de Gianni durante muchos años, Antonio di Amico. Desde entonces, han cambiado varias veces los directivos a cargo de la empresa, los inversores y parte del equipo creativo, pero nunca le han devuelto la vida a las tiendas cerradas en cadena ni al aura comercial de otrora.

Ahora que Donatella parece conformarse con ser más musa que directora creativa, se podría confiar la dirección artística a Riccardo Tisci, su amigo y confidente, que no ha dudado acompañarla a varias galas del gremio. Riccardo, director creativo de Givenchy desde 2005, ya contó con Donatella para la publicidad de la colección de Givenchy en otoño de 2015, un hecho sin precedentes, ya que se trataba de utilizar una imagen de la competencia. Aburrido ya de tantos años en una pequeña casa francesa que no despega, Tisci podría ser el apuesto caballero salvador de esta bella durmiente en letargo que es Versace en la actualidad.

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