Carmen Broto en una imagen de archivo
Carmen Broto en una imagen de archivo - ABC

La vida de lujos, joyas y excesos de Carmen Broto «Cascabelitos», la amante de la alta sociedad catalana

Fueron muchos los políticos, banqueros y empresarios que compartieron confidencias de alcoba con ella. Su cuerpo ensangrentado apareció en un huerto de Barcelona. El culpable de su asesinato confesó, pero el motivo de la muerte nunca se esclareció

MADRIDActualizado:

A finales de los años cuarenta en Barcelona había pocas mujeres como Carmen Brotons Buil. Algunos decían que era una superviviente, una joven que había abandonado la aldea de Guasa (Huesca) para probar fortuna como «chica de servir». En la casa donde trabajaba se dio cuenta de que su cuerpo y esa melena rubia atraían a muchos hombres y decidió dejar las fregonas y estropajos para servirse de sí misma y tener un futuro mejor. Cuentan os diarios de la época que cambió su nombre por el de Carmen Broto, y que su fuerte personalidad y sus aires altaneros le permitieron acceder a los círculos de la alta sociedad barcelonesa. No tardó Carmen en hacerse un nombre en la Ciudad Condal, los hombres de las altas esferas la deseaban, las mujeres la temían. Porque ella era mucho más que una prostituta de lujo, era un mito erótico. Uno de sus primeros ganchos para acceder a la clientela que ella anhelaba fue el empresario Juan Martínez Penas, propietario del teatro Tívoli. Juntos se dejaban ver por los principales restaurantes y cafés de Barcelona. Decían los mentideros que ella era «su querida», en realidad, solo era una tapadera para que él pudiera esconder su homosexualidad. Así los dos salían ganando.

Fueron muchos los nombres y apellidos ilustres que rondaron a Carmen. Personajes influyentes del mundo de la política, las artes y la banca compartían lecho y confidencias con ella. Como Julio Muñoz Ramonet que, aunque era propietario de los almacenes El Águila, se le conocía por ser «el rey del estraperlo», y por estar casado con Carmen Villalonga, hija del presidente del Banco Popular. Con el corazón dividido entre las dos, Muñoz decidió ponerle un piso a la que era su amante en la calle Padre Claret. Otro empresario, Ramón Pané, le regaló otra casa a Carmen que, poco a poco, fue amasando una pequeña fortuna donde tampoco faltaban las joyas de oro y brillantes y los abrigos de piel. Nunca disimuló el tipo de vida que llevaba ni le importó lo que otros pensaban de ella. Incluso lo de «Cascabelitos», como la llamaban, haciendo referencia a su «vida alegre», le generaba cierta simpatía.

Pero esa vida repleta de excesos, superficialidad, salones trasnochados y amantes de innumerables días y noches no le duró a Carmen demasiado. La madrugada del 11 de enero de 1949, su cuerpo apareció en un huerto de la calle Legalidad. Envuelta en su abrigo de astracán, apareció sin joyas y con una fuerte herida en la cabeza. Tenía 30 años y sabía demasiado. Sabía que las confidencias de sus amantes en la cama podrían ser su salvoconducto. Por eso guardaba fotos de sus encuentros sexuales y anotaciones con todo lo que hablaba con ellos en esos ratos de alcoba.

Cerca del lugar donde yacía la joven Carmen, la policía encontró los cuerpos de Jesús Navarro Gurrea, un cerrajero arruinado que quería saldar sus deudas con las joyas de Carmen, y Jaime Viñas, amigo de su hijo, Jesús Navarro Manau. Fue precisamente éste último, un joven al que le encantaba la juerga y el único hombre del que Carmen se había enamorado, quien confesó el crimen a las autoridades después de registrar su domicilio y dar unas joyas valoradas en 120.000 pesetas. El plan lo había orquestado su padre, Jesús Navarro Gurrea, que convenció a su hijo y a Viñas para que la noche del 10 de enero se llevaran a Carmen de copas. La idea era emborracharla, matarla y quitarle las joyas: así los investigadores podrían pensar que se había tratado de un robo con violencia y con un trágico final. Pero todo se les fue de las manos. Carmen toleraba muy bien el alcohol y Manau y Viñas comenzaron a desesperarse. Nada más subir al Ford Sedán de Jesús, los jóvenes la golpearon con un mazo de madera en la cabeza. Pero Carmen se resistió e intentó defenderse. Escapó del coche, pero cuando empezó a correr para huir del amor de su vida que pretendía matarla, se desplomó y murió. Jesús Navarro Manau fue condenado a pena de muerte el 1 de mayo de 1950. Poco tiempo después, se le conmutó la pena por 30 años de cárcel.

Lo cierto es que nunca quedó claro el motivo de la muerte de «Cascabelitos». Su asesinato conmocionó a la sociedad catalana y los rumores que apuntaban a que Manau había sido un cabeza de turco en esta historia cada vez eran más fuertes. La historia tenía demasiados puntos oscuros y detalles por resolver. Comerciantes, banqueros o empresarios, la mayoría amantes de Broto, no tardaron en ver sus nombres relacionados con el crimen. Se creía que la habían matado para que nunca pudiera contar todo lo que sabía. La rumorología llegó tan alto que se impuso el silencio en los periódicos de la época. La sociedad catalana no tardó en enaltecer a «Cascabelitos» hasta convertirla en un personaje popular. Incluso su vida sirvió de inspiración para Juan Marsé.