Hubert de Givenchy
Hubert de Givenchy - ASOCIATED PRESS

Muere a los 91 años el genial modisto francés Hubert de Givenchy

Tras su fallecimiento el pasado sábado, se extingue una saga de maestros de la costura mundial del siglo XX

MadridActualizado:

Hubert de Givenchy nació en Beauvais, un pueblo 100 kilómetros al norte de París, en 1927. Su fulgurante carrera en el mundo de la moda le granjeó la admiración de actrices y primeras damas de todo el mundo, si bien desde 1988 había vendido su maison al grupo LVMH y se había retirado del puesto de mando creativo hace ya 23 años. Murió el pasado sábado en su preciosa casa de campo.

Hubert James Marcel Taffin de Givenchy tenía un apellido acabado en i griega, detalle significativo de los italianos emigrados a Francia. Hijo menor de Lucien Taffin -originalmente Taffini- de Givenchy, marqués de Givenchy, de familia procedente de Venecia, descendía también de una madre de familia acomodada con raíces en el mundo de la decoración y el arte, pues Sissi Badin era hija de Julio Badin, artista y propietario de la fábrica de los tapices De Gobelinos, y descendiente por parte de madre de Jules Dieterle, un gran escenógrafo y decorador.

El gran modisto, que alcanzó la gloria vistiendo a Audrey Hepburn, había comenzado estudiando Bellas Artes en París. Pronto, su elegancia, creatividad, disposición e impecable físico le facilitaron unas prácticas en las grandes casas de moda parisinas del momento, convirtiéndose así en discípulo de Jacques Fath, Lucien Lelong, Elsa Schiaparelli y Balenciaga. Fue el modisto español el que le impulsó a crear su propia casa de modas en los años 50 y el que al cerrar sus propios talleres en distintas ciudades, recomendó a su propia clientela acudir a Givenchy. No es de extrañar que Givenchy declarase durante años, «Balenciaga es mi dios».

Con la ocasión de la película «Sabrina», y ante la fiebre y la obsesión por los modistos europeos en los estudios de cine de Hollywood, Givenchy comenzó una colaboración con la actriz que más tarde se convirtió en una entente musa-maestro. El vestuario de Audrey en «Desayuno con Diamantes» le catapultó a la fama mundial.

Clientas ilustres

Aquello le abrió las puertas del mundo del cine, consiguiendo tener clientas como Grace Kelly o Elizabeth Taylor. Mientras su hermano mayor, Jean Claude de Givenchy -que había heredado el marquesado- presidía la sociedad de creación y difusión de perfumes, Hubert se quedaba con el mercado de las señoras más exigentes del mundo, vistiendo a personalidades como la duquesa de Windsor o Jackie Kennedy.

Cuando en los años 80 Bernard Arnault intentaba conseguir marcas de prestigio que completasen su adquisición de Christian Dior, logró convencer a Givenchy para que les vendiese su enseña en 1988. El modisto siguió viviendo en su palacete parisino, creando para la casa que llevaba su nombre y pasando los fines de semana en su casa de campo, el Château du Jonchet, junto a su pareja, el también diseñador Philippe Venet.

Givenchy ha sido parte crucial del desarrollo de la Fundación Balenciaga, de la que era presidente, impulsando su museo en Guetaria y la admiración por su maestro. Hubert siempre se sorprendió de cómo Balenciaga era capaz de crear un vestido digno para una mujer jorobada o una persona con muchos kilos. Y esa fue su fuente de inspiración. Evitar lo superfluo y lo accesorio fue su máxima. Givenchy siguió siendo el director creativo de su marca hasta su adiós oficial en 1995.

Desde entonces, en la paz del chateau de Jonchet, Hubert viajaba, cuidaba sus plantas, dibujaba y escuchaba música clásica. El sábado pasado por la noche, «Monsieur de Givenchy murió mientras dormía», como refleja el comunicado oficial de la familia. Sus sobrinos y sobrinos nietos comparten la pérdida de un hombre cuyo funeral «se celebrará en la más estricta intimidad». El aristócrata de la moda nos ha dejado. Descanse en paz.