Uno de los diseños de Balenciaga expuestos en el Museo Bourdelle
Uno de los diseños de Balenciaga expuestos en el Museo Bourdelle - J.P. QUIÑONERO

París rinde homenaje al diseñador Cristóbal Balenciaga

El legado del maestro español se exhibe entre las obras del escultor Antoine Bourdelle

CORRESPONSAL EN PARÍSActualizado:

El Palacio Galliera, Museo de la Moda de París, ha presentado esta semana una temporada consagrada a la alta costura española, en la que se rinde homenaje a la obra del gran maestro Cristóbal Balenciaga (1895 -1972) cuando se cumplen 100 años de la apertura de su primera boutique en San Sebastián.

El Museo Bourdelle, en el corazón del barrio de Montparnasse, alberga la muestra «Cristóbal Balenciaga: la obra en negro», que reúne centenares de dibujos, croquis, maquetas, trajes, sombreros y tejidos. Aunque desde hace décadas, las creaciones de Balenciaga han protagonizado numerosas exposiciones, en esta ocasión se propone una nueva perspectiva. Un «diálogo» entre sus diseños y la obra del escultor Antoine Bourdelle (1861 -1929), uno de los patriarcas de la escultura moderna. «La costura era su religión, tenía una visión muy innovadora y a fuerza de estudiar su trabajo consiguió una concentración extrema», declara Elisabeth Boucheron, del Museo municipal de la Moda.

El título de la exposición, «La obra en negro», ha sido elegida en honor a una novela célebre de Marguerite Yourcenar, la escritora francesa más importante del siglo XX, una suerte de biografía de un alquimista legendario, creador solitario, inmenso, fascinado por los más impenetrables misterios de la creación y el destino humano.

Negro Velázquez

¿Qué tiene que ver la moda, la alta costura, con ese personaje y con el negro de Balenciaga? Hay un negro Velázquez. Y hay un negro Balenciaga, cuyo primer desfile parisino, en 1938, fue presentado por «Harper’s Bazaar» de este modo: «La nueva casa de alta costura española usa el negro de manera magistral. Se trata de un negro misterioso, muy español, voluptuoso, aterciopelado, que, por momentos, cobra tonos grisáceos muy velazqueños». Así comenzaba la leyenda de Balenciaga, que no ha dejado de crecer, en la historia de la moda y del arte.

Cada sala de la exposición está precedida por recuerdos de los grandes maestros contemporáneos. Christian Dior hablaba del joven vasco en estos términos: «Para Cristóbal, la creación, el arte de vestir a una mujer, puede compararse con una suerte de oración, una labor religiosa». Coco Chanel agregaba: «Cristóbal no solo es el más grande, entre nosotros, como creador. Quizá es el único que lo sabe todo: antes y después de crear sus modelos, es capaz de coger la aguja, el hilo, las tijeras, para continuar matizando sus creaciones. Quizá es el único capaz de crear sus propios colores».

En su día, ese gran arte de la más alta costura estuvo consagrado a vestir a la mujer de su tiempo, iluminándola con creaciones únicas, cuyas raíces se perdían en el arte popular vasco, el arte de los siglos áureos, de Velázquez a la imaginería popular. Balenciaga contribuyó a cambiar el rumbo de la alta costura, devolviendo a la mujer de su tiempo una imagen más pura.

Andando el tiempo, ese gran arte de vestir a la mujer se ha instalado definitivamente en el panteón del gran arte. Nada más efímero que la moda, condenada a «cambiar cada temporada. En el caso de los grandes creadores como Balenciaga, la moda de su tiempo ha perdido la patina de lo efímero para instalarse en la bóveda celeste de las creaciones universales.

La temporada dedicada a la alta costura española continuará a mediados de junio con la exposición «Traje español: luces y sombras», en la Casa- Museo de Víctor Hugo.