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La cuna del Descubrimiento

De esta audaz localidad de Huelva zarpó la mayor epoyeya vista en la historia española: la Niña, la Pinta y la Santa María, rumbo a lo desconocido... que resultó ser América. Fue tal día como hoy de hace 525 años

La cuna del Descubrimiento

Si el emprendimiento tuviera una capital histórica en España, no pudiera ser otra que la villa de Palos de la Frontera (Huelva), desde la cual zarparon la Niña, la Pinta y la Santa María con sus 87 almas a bordo aquel 3 de agosto de hace ya 525 años.

Eran tres cascarones de madera ante un océano ignoto, con sus velas ligeras y la única «brújula» de aquellos papeles secretos del enigmático almirante Cristóbal Colón. Porque aquel «¡Tierraaaaa a la vista!» tuvo su origen aquí. En un pequeño monasterio franciscano -radiante en blanco, siempre encalado- donde abrieron las puertas a un fracasado Colón, quien no encontró apoyo a su empresa por parte de Juan II de Portugal. El vecino reino ni necesitaba ni se creyó esa ruta a las Indias Orientales navegando hacia el ocaso del Sol.

Asomada a orillas del estuario del río Tinto, junto a pinares y campos de fresas -que en estos lares son fresones-, aparece Santa María de La Rábida (a apenas 4 kilómetros del pueblo de Palos). La perfecta sintonía entre Colón, fray Antonio de Marchena y fray Juan Pérez, quien «de mozo había servido a la Reina Católica en oficio de contadores», hizo posible la epopeya. Claro está, se necesitaban armadores y financiación. Isabel la Católica sí creyó.

A ello también contribuyeron los hermanos Martín Alonso, Vicente Yáñez y Francisco Martín (los Pinzón), experimentados marinos de cabotaje por las costas africanas, cuya memoria se homenajea con una casa museo en Palos de la Frontera.

La ruta de los Lugares Colombinos se traza también en el pueblo de Palos con la visita a la iglesia de San Jorge Mártir y la cercana Fontanilla, de la cual se aprovisionó de agua la expedición. Fue aquí donde se situó el puerto original del que zarparon la nao y las dos carabelas. Hoy, otro muelle lo recrea con un centro de interpretación próximo a La Rábida y con las réplicas de las embarcaciones. Obligada es también la visita al Monasterio de Santa Clara, en la vecina y juanramoniana Moguer, donde rezaron los marinos a su regreso de aquel primer viaje.

Un baño en las playas de Huelva este verano nunca será completo sin dar cuenta de estos lares. Pocas visitas pueden resultar tan inspiradoras para acometer nuevas empresas porque no importa cuán grande haya sido el fracaso o cuán lejana sea la meta: desde Palos siempre se puede descubrir América.

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