Varios caballistas pasean por el recinto ferial
Varios caballistas pasean por el recinto ferial - VANESSA GÓMEZ

FERIA DE ABRIL DE SEVILLA 2018La «nueva» Feria deja atrás sus complejos

Con todos los esfuerzos por seguir fiel a su esencia, la fiesta de sábado a sábado se va consolidando con el viento a favor de los indiscutibles datos turísticos, de hoteleros y de hosteleros

SEVILLAActualizado:

La edición de la Feria de Abril que acaba de concluir es la segunda que se desarrolla bajo el nuevo modelo, el de sábado a sábado, y en ella ha destacado la gran asistencia pese a la duración de la fiesta, la falta de incidentes de consideración y el buen tiempo en general en medio de una primavera muy inestable y lluviosa. Son muchos, eso sí, los elementos de análisis y reflexión, tanto positivos como negativos, que deben extraerse de la semana de farolillos que esta noche de sábado culminó en Los Remedios.

Asumiendo el nuevo modelo

Tras la polvareda generada el año pasado, cuando la fiesta de siete días que se estrenaba tras la famosa votación popular provocó bastantes reacciones en contra de los partidarios de mantener las esencias, esta vez las críticas se han reducido bastante, tanto que puede afirmarse que —como tantas otras cosas en esta ciudad— la novedad se ha consolidado tras el ruido inicial y hasta empieza a ser aplaudida desde algunos flancos; muy especialmente, desde las empresas. Hoteles, restaurantes y comercios se ven beneficiados por el certamen de dos fines de semana, que genera un volumen de negocio mayor, de modo que el nuevo formato se ha ido asimilando sin una oposición tan virulenta como la de 2017. Ni de lejos. Los sevillanos más tradicionales han ido amoldando el bolsillo y los días de descanso con la posibilidad de escoger el tramo inicial, el central o el final. Y para los más fieles, la semana completa. La gente asume los ritmos y adapta sus costumbres con naturalidad. Porque, al menos hasta hoy, nadie está obligado a pisar todos los días el albero. Y encima, la coyuntura económica global ha mejorado algo. De este modo, la polémica comienza a diluirse. Si surge una disputa entre tradición y negocio, ¿alguien duda aún a estas alturas de cuál de los dos elementos en juego se impondrá?

Un enfoque más turístico

La eterna lucha de fuerzas centrípeta y centrífuga que caracteriza a la ciudad tiene otra derivada importante, y relacionada con ese afán de lucro que todo lo domina, en la versión de Feria más turística que ha ido ganando sitio con el modelo de dos fines de semana, quedando especialmente el segundo para los forasteros. Éstos vienen con paquetes completos que incluyen rutas guiadas por el real, caseta turística, actuación, gastronomía… Y cada vez se deja notar más, no sólo en la economía sino en el propio ambiente del recinto ferial. Todo ello sucede sin que siquiera se haya llegado a los registros de turistas del año pasado, cuando se batieron plusmarcas gracias, no hay que olvidarlo, a que la fiesta incluía el festivo del Día del Trabajador y el Dos de Mayo madrileño. El AVE engordó mucho el número de visitantes, pero también este año los índices son fantásticos y se ha llegado a rozar el 90% de ocupación hotelera, según se exponía ayer mismo. El momento turístico de Sevilla es esplendoroso y no parece que haya tocado techo, lo que se está notando también en la Feria. Eso sí, algunos servicios deben ponerse a la altura de lo que se espera de un destino con este nivel; y no lo están.

Los taxis, otra vez

Sin duda alguna, el mayor déficit y problema que presenta hoy día la Feria es el transporte público. Llegar al real o volverse a casa resulta un verdadero suplicio, y no sólo por la lentitud de las lanzaderas o la lejanía de los aparcamientos sino muy especialmente por el mal servicio de taxis, impropio de una ciudad que quiere ser referente mundial y muy lejos de lo que demandan momentos como la Semana Santa o la Feria. El pulso que las asociaciones del gremio mantienen con el Ayuntamiento desde hace años sigue claramente decantado a favor de las primeras. Y no se trata ya de la liberalización del sector o de dar más cabida a Cabify, Uber y demás empresas sino de garantizar una cobertura de autotaxis suficiente. No se hace. Es inconcebible que no haya en todos los barrios periféricos al Centro un solo taxi que tomar para acercarse a Los Remedios o que se tenga que esperar más de dos horas a que llegue uno a la parada de la portada para regresar a casa. Este año se ha vivido la vergonzosa realidad de que la Policía Local pida por redes sociales (y «por favor») que acudan taxis a la Feria a recoger clientes. El gran problema de los taxistas sevillanos no está en los VTC sino en su propia incapacidad para adaptarse a los tiempos y en su desorbitada autoprotección.

Más segura, igual de incívica

Al igual que ha ocurrido con la Semana Santa, y haciendo la excepción de las clásicas e inevitables riñas mojadas con manzanilla, la Feria de este año ha sido bastante segura y carente de incidentes de relevancia al cierre de esta edición. Con altas medidas de seguridad, más cámaras y agentes tanto de uniforme como de paisano, los datos de la Subdelegación del Gobierno hablan de un 38% menos de reyertas que en las dos ediciones anteriores, lo que da una muestra bastante aproximada de esa mejoría. Dentro de un nivel 4 de alerta antiterrorista que no conviene olvidar. Eso sí, la otra cara de la moneda de la seguridad está en la constante falta de civismo que se muestra en fenómenos como el botellón, que sigue invadiendo calles y calles de los tres barrios aledaños al recinto ferial, Los Remedios, el Tardón y Tablada, para desesperación de los vecinos. El trabajo de la Policía Municipal ha sido intenso, pero igual que se han visto resultados alentadores en la venta ilegal o el tráfico, con el botellón y sus molestias el balance debe seguir siendo de claro suspenso. En cuanto a la suciedad, poco más puede hacer Lipasam, que emplea todo su arsenal. Sólo queda esperar más civismo y educación.

Concentración y ampliación

Parece evidente que en los momentos cumbre (de domingo a miércoles), la Feria queda algo superada por la enorme afluencia de público. Que se concentra, además, a partir de las cinco de la tarde y hasta pasadas las once de la noche, ya que la costumbre ha cambiado y las mañanas y el mediodía están despobladas. Apoyada en la paulatina recuperación económica, esa masificación de los dos últimos años, pese al nuevo modelo de fiesta más larga, ha hecho que el Ayuntamiento esté barajando desde el año pasado una leve ampliación del recinto ferial ganando espacio para las casetas en la Calle del Infierno y desplazando las atracciones hacia la zona de aparcamientos. La lista de espera es amplia y quedaría algo aliviada. El gobierno local socialista lo estudia y bien podría tomar alguna decisión antes de que en junio del año que viene concluya el mandato. Eso no sólo permitiría contentar a muchos de los demandantes sino poder incorporar un buen puñado de casetas de carácter público a la nómina general de la Feria y así marcarse un buen tanto entre sus correligionarios y los sectores de la izquierda que reclaman uan fiesta más abierta.