José María González Blanco, uno de los jóvenes valores de la cocina cordobesa, emprende una nueva etapaBlanco Enea echó a andar a finales de 2012. Lo hace porque ha llegado, asegura, el momento de un «cambio de ciclo en mi vida, de iniciar una nueva etapa» que probablemente le lleve a Noruega.

 

González Blanco, que se formó junto a chefs como Juan Mari Arzak o Ferran Adrià, indica que la experiencia vivida con el establecimiento situado en San Pedro ha sido «superpositiva». «En este tiempo, mi cocina ha madurado. Sé dónde voy, aunque ya tenía una idea clara. Y los números han salido de la forma que tenían que salir», reflexiona.

Explica que el motivo del cierre de Blanco Enea es que, cuando le hicieron la oferta para ir a Noruega, se dio cuenta de que «yo, al final, soy cocinero y, cuando ves que tu creatividad se va mermando, porque tienes que estar pendiente de mil cosas más que no es sólo la cocina…». «Antes de abrir este restaurante, me devoraba libros de cocina. Después, lo que cogía para leer eran facturas, cuentas… Dejé de ser cocinero para convertirme en empresario. Y yo soy cocinero. Disfruto cocinando, creando», explica.

Ahora, quiere meditar su futuro, porque tiene varias ofertas. La «primera» que le llegó fue de Noruega, pero, al conocerse que cerraba su establecimiento en la capital, le han llegado «muchas más cosas a nivel nacional, propuestas de Cádiz, Córdoba… Todo lo que me está surgiendo es muy bueno».

 

Apunta que «probablemente» opte por la oferta de Noruega, que se la han realizado «clientes míos noruegos que trabajan con productos andaluces». «Es lo más seguro que tire para allí», añade.

 

Sería para un ambicioso proyecto. Primero, se incorporaría a un restaurante de comida española que ya funciona en Bergen, la segunda mayor ciudad de Noruega. Los dueños quieren que González Blanco le dé «un aire real español. Quieren trasladar el concepto de Blanco Enea allí». La segunda fase de dicho proyecto sería abrir un negocio de alta cocina en otra localidad de ese país.

González Blanco, aunque confiesa que cuando cerró sus puertas lloró «como un niño chico», es optimista sobre la nueva etapa que se abre ante él, porque en ella «creceré personalmente y laboralmente. Es todo positivo. Hay que seguir creciendo».