Fritos, revueltos, pasados por agua, en postres, cremas o salsas. Las posibilidades
de disfrutar de los huevos en la cocina son numerosas. Su sabor, sus propiedades
para cocinar y el valor proteínico que poseen hacen de ellos uno de los alimentos
fundamentales en nuestra dieta y difícilmente sustituibles en la cocina.

Según numerosos expertos, para una dieta equilibrada se necesita tomar diariamente dos
porciones de alimentos que contengan proteínas: bien sean carnes (vacuna, porcina, ovina, pescado y aves), legumbres o huevos.

Estos admiten una gran variedad en su preparación además de servir de base a numerosas recetas por sus diferentes propiedades.


Manipulación y conservación

Los huevos requieren una conservación especial y una cuidada manipulación.
1. No deben sufrir cambios bruscos de temperatura, ni ser expuesto a temperaturas elevadas.
2. Los alimentos preparados con huevo crudo o poco cocinado deben mantenerse siempre en la nevera hasta el momento de su consumo.
3. Es conveniente evitar el contacto del huevo crudo con otros alimentos.

Por su alto
valor nutritivo, una
persona sana
podría ingerir entre
4 y 7 huevos
a la semana

4. No es bueno lavar los huevos si no se van a consumir o cocinar inmediatamente, ya que los gérmenes pueden introducirse en el interior a través del agua.
5. Deben conservarse en la nevera y procurar sacar sólo los que se vayan a utilizar en cada ocasión.
6. Sobre todo en verano, los alimentos elaborados con huevo deben cocinarse adecuadamente para eliminar las bacterias que pudieran contener.
7. Desechar los que presenten olores o sabores extraños, mohos en la cáscara o aspecto anormal.

Aquí puedes ver cómo se hacen unos huevos a la flamenca.

El huevo en la dieta

Los huevos juegan un papel importante en la dieta, son un ingrediente básico en la cocina. De alto valor nutritivo, apetecibles, gastronómicamente muy versátiles, son muy fáciles de preparar tienen una excelente relación calidad-precio.

Los huevos son, desde hace algunas décadas, el enemigo declarado de las dietas contra el colesterol. Un huevo contiene entre 214 y 212 miligramos de esta grasa, pero a la vez, también aporta fosfolípidos que frenan su absorción, por lo que, según el Instituto de Estudios del Huevo, tiene poca incidencia sobre el nivel de colesterol en sangre.

Debido a su elevado valor nutritivo, una persona sana podría ingerir entre cuatro y siete huevos a la semana en el marco de una dieta cardiosaludable.

Uno de sus mayores beneficios es la gran cantidad de proteínas que posee. También aporta vitaminas, oligoelementos, minerales, carotenoides, ácido fólico y vitamina B. En cuanto al contenido energético, la cantidad media de kilocalorías que comprende es de 75 por unidad.

El huevo en la cocina

En la cocina, el huevo tiene también numerosas propiedades que lo convierten en un
ingrediente idóneo para elaborar pastas, postres, cremas e, incluso, productos de charcutería.
He aquí algunas de sus propiedades básicas

Aglutinante: tanto la clara como la yema permiten realizar productos de charcutería, como por ejemplo el paté, que precisan de la unión de diferentes componentes.
Coagulante: Coagulante: tanto la yema como la clara se espesan progresivamente bajo la incidencia del calor, capacidad muy provechosa sobre todo para la elaboración de productos de repostería como cremas y flanes.
Espumante: la capacidad espumante de la clara es muy útil también en repostería, en
merengues, mousses, claras a punto de nieve, bizcochos, etcétera.
Emulsionante: es una propiedad de la yema que hace posible que ‘liguen’ salsas como la
mayonesa.
Colorante: la yema aporta el color característico de alimentos como pastas o salsas. Una
pátina de yema sobre bollos, pasteles o galletas hace que, tras pasar por el horno, éstos
adquieran un tono dorado único.
Aromatizante: el aroma que desprende la yema es muy apreciada en pastas y repostería.
Anticristalizante: hace posible, por ejemplo, elaborar turrón con altas concentraciones de azúcar sin que se formen cristales detectables….

Cómo cocinar el huevo

Los huevos se someten a siete tipos de cocinados básicos: pasados por agua o hervidos,
cocinados, escalfados, fritos, en tortilla, revueltos o al plato.
Pasados por agua: Basta echar los huevos enteros y con cáscara en agua hirviendo a la
que se añade una cucharada de sal para evitar que se agrieten al contacto con el calor, se
dejan hasta que vuelven a punto de ebullición y a partir de ese momento se cuentan de 2 a 4 minutos. Ésta es la forma más digestiva de cocinarlos.
Duros: Se sigue el mismo procedimiento, sólo que el tiempo de cocción es de 10 minutos y pasado este tiempo hay que meterlos inmediatamente en agua fría para evitar que la clara se pegue a la cáscara y al mismo tiempo cortar la cocción.
Escalfados: Deben prepararse rompiendo la cáscara y echando el huevo en una olla con agua hirviendo, a la que se haya añadido una cucharada de vinagre. Se cuecen a fuego lento y al cabo de 2 minutos y medio ya están listos. Se retiran y se sumergen en agua fría.
Fritos: Lo primero que se debe hacer es elegir una sartén honda y con abundante aceite y cuando éste se encuentre suficientemente caliente, echar el huevo y dejar que adquiera la consistencia deseada, sin tocarlo para no romper la yema. Esta es una de las formas más indigestas de tomar los huevos, además, se aumenta el colesterol del organismo por la grasa añadida con el aceite de la fritura.
Revueltos: Se baten los huevos se vierten en la sartén caliente con aceite y se revuelven a fuego medio.

Enlaces relacionados
El libro del huevo
Alimentación sana
Recetas con huevos
Instituto de Estudios del Huevo