Frutos secos, flores de azúcar, virutas de chocolate, blancos, negros, con color… la decoración de los pasteles es la parte más divertida pero también la más compleja. Aquí tienes algunas claves para no fallar con ninguno de tus dulces.

Tartas, pasteles, magdalenas, brownies… la repostería se presta a un sinfín de aspectos decorativos: con azúcar, chocolate, frutos secos, etc. pueden hacerse maravillas comestibles que además de estar exquisitas resultan muy atractivas.


Los pasteles más adornados

Una vez que hemos glaseado nuestros pasteles, el siguiente paso es decorarlos. Desde lucidas flores a rizos de chocolate fáciles de hacer o las peladillas plateadas darán un toque de distinción a cualquier dulce.

Las primeras se elaboran con flores comestibles a las que se da un baño en clara de huevo y un rebozado en azúcar glas. Luego se dejan reposar y ¡listas para usar!

Las virutas de chocolate, por su parte, son muy fáciles de hacer: sólo con un pelador de verduras y una tableta de chocolate los tendrás en un momento.

Las flores
comestibles
son unos de los
adornos más
llamativos y
fáciles

Si tu pastel es de frutas, una de las mejores opciones es usar esa misma fruta (fresca o confitada) para decorarlo o bien otra que le haga contraste. Normalmente esto se prepara cuando la tarta ya se ha cocinado y poco antes de servirse, como esta de queso con fresas, ésta de queso y manzana o estas tartaletas de cerezas. También puedes escaldar la fruta como en este bizcocho de zanahoria.

Técnicas para decorar

Sin lugar a dudas, la decoración más sencilla, que incluso podrá hacer un niño, es espolvorear azúcar glas o cacao sobre el pastel. Para hacerlo bien, hazlo con un tamiz, así quedará la cobertura más uniforme. Por ejemplo, en esta tarta de manzana al ron hemos espolvoreado azúcar glas.

Antes de meter en el horno cualquier tipo de bizcocho o pastel puedes espolvorear por encima frutos secos o frutas frescas (almendras, nueces, arándanos), bien enteros o partidos para que, al hornearlo, se transforme en una cobertura muy decorativa, como esta tarta de peras con almendras fileteadas.

Otra de las técnicas para que tu postre tenga un aspecto muy original es rellenarlo de algún ingrediente: mermelada, nata, fruta, mantequilla… Existen dos maneras de hacerlo: bien horneando dos pasteles finos y colocando el relleno encima de uno de ellos, o bien, cortando un pastel grande en dos mitades. Esta segunda opción es más complicada, aunque el resultado será igual de espectacular. Para hacerlo correctamente se debe esperar a que el bizcocho se enfríe, apretarlo con la palma de la mano y, con un cuchillo de hoja lisa, cortarlo de manera horizontal. En esta tarta Sacher con frambuesas puede verse que el resultado invita a degustar aún más este rico postre o este bizcocho relleno de mousse de fresa. Aunque, de relleno diferente, el resultado es espléndido.

El mundo del glaseado

TEntre las técnicas de decoración de pasteles, el glaseado ocupa un lugar preferente por las variedades que existen y las aplicaciones que tiene: para cubrir tartas, para rellenarlas, decorar, etc.

El de azúcar glas es uno de los más usados. Es perfecto para pasteles sin relleno y con frutas. Tan sólo hace falta 200 gr. de azúcar glas tamizados a los que se añade, sin dejar de remover, 2 cucharadas de zumo de limón o agua hirviendo. Cuando se haga una crema homogénea vertemos sobre el pastel. También puede hacerse con mantequilla o con queso en crema. Sea cual sea la elección, el resultado será un pastel más sabroso y más llamativo.

El ganache de chocolate es quizás la cobertura de cacao más sabrosa, ya que se deshace en la boca dando lugar a un bocado exquisito. Para elaborarla sólo tienes que coger 100 gr. de chocolate negro en pedazos y mezclarla con 80 ml. de nata hasta que esté a punto de hervir. Puedes usarla aún caliente para que le dé brillo al pastel ya terminado, o bien más fría y espesa para dar una cobertura más consistente.

El glaseado real, que se usa para las tartas de boda o los pasteles de Navidad, son también otras opciones que no dejarán indiferente a nadie. Igual que la nata montada, un aliado que nunca falla, como puede verse en este bizcocho cremoso de manzana y almendras .