El garbanzo es una legumbre propia del mediterráneo con interesantes propiedades nutricionales y cualidades culinarias. Por eso las recetas con garbanzos están muy presentes en la gastronomía de los países bañados por el Mediterráneo aunque su origen está en las regiones más orientales. Fueron los colonizadores españoles quienes llevaron los garbanzos al continente americano y por eso hoy en día es un ingrediente muy popular en California o México, por ejemplo.

A España llegaron de la mano de la civilización romana, si bien árabes y sefardíes terminaron por extender su uso. Por eso el nuestro es hoy uno de los países que más garbanzos consume y de ahí la gran variedad que se comercializa, con diferentes procedencias geográficas y denominaciones de origen: el garbanzo castellano, amarillento y de tamaño medio o grande;  el garbanzo blanco lechoso, más grueso, lago y arrugado; el garbanzo pedrosillano, pequeño y casi redondo; el chamad, una variedad del castellano, y el garbanzo venoso andaluz, grueso y alargado. Dentro del garbanzo castellano, destaca el de Fuentesaúco, de Zamora, que se conserva entero y con piel en la cocción y tiene una textura cremosa y poco rugosas. Igualmente el pedrosillano de Salamanca, pequeño, liso y de piel fina es muy valorado en caldos y salteados por su entereza y buena presentación. A diferencia de otras legumbres, su cocción requiere partir de agua caliente para evitar que queden duros.

 

Pucheros, ollas, salteados, arroces y hasta ensaladas son susceptibles de tener como protagonista principal al garbanzo, aportando un sabor y cualidades nutritivas excepcionales. No en vano, las recetas con garbanzos proporcionan hidratos de carbono de absorción lenta que permiten reponer fuerzas sin provocar picos de glucemia, por lo que son ideales para personas con diabetes. Además, su bajo contenido en sodio, su poder diurético y su elevado aporte de fibra, los convierten en un alimento muy completo para adultos y niños, en cualquier época del año.

Garbanzos con espinacas

Una receta ideal para cumplir con los mandatos de la santa madre iglesia, aunque el gozo de comer este plato suponga pecar de auténtica lujuria gastronómica. ¡Que Dios nos coja a todos confesados!