Nombre La Fragua
Dirección Calle Tomas Conde - Calleja del Arco, 2 (  )
Horario De domingo a jueves, de 13.00 a 16.00 horas y de 19.30 a 23.30 horas. Viernes y sábados, de 13.00 a 16.30 y de 20.30 a 00.00 horas
Teléfono 957484572
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza

No es La Fragua, pese a su aspecto y privilegiada ubicación, en la calleja del Salmorejo cordobés, en plena judería, muy cerca del Alcázar de los Reyes Cristianos y de Caballerizas Reales y a tiro de piedra de la Mezquita (perdón, Mezquita-Catedral, no vayamos a enfadar a nadie) un restaurante típico y tópico orientado al turisteo más o menos hambriento. No tendría nada de malo serlo, es verdad, pero estamos ante un restaurante más ambicioso, con vocación de hacer buena cocina y de ser destino obligado de los amantes de la buena vida, cordobeses y foráneos.

Se accede al restaurante a través de una calleja que desemboca en un agradable patio y una no muy cómoda barra en la que el tapeo es magnífico. Traspasada la barra accedemos a un patio en el que, si el tiempo acompaña, poder acomodarse -el día de nuestra vista hacía fresco y no resultaba apetecible quedarse en ella- y a la pequeña sala, con capacidad para poco más de veinte personas, decorada de manera rústica y confortable.

Tiene La Fragua una más que correcta carta de vinos, bien surtida y estructurada, mejor, eso sí, la oferta de tintos que la de blancos en la que hay una carencia evidente de vinos de la tierra, que si brillan por algo es por su ausencia. Los precios del vino son sencillamente sobresalientes, con un mínimo margen para el restaurante, hasta el punto de que, acompañado por un verdadero experto en tintos de la Ribera del Duero, preguntamos hasta en varias ocasiones sobre algunos de los precios indicados en la carta creyendo que se trataba de un error o que nos habían facilitado una carta antigua. Nos sacó de dudas su propietario, que nos explicó que aplica un criterio muy de agradecer por los comensales: cobra poco más que un descorche, evita cargar la mano en el precio de las bebidas y hace accesibles ciertos vinos que a los precios habituales en otros restaurantes muchos evitan pedir. Aalto, PSI o el célebre María de Alonso del Yerro dan fe de ello.

Su carta es amplia, variada, con peso evidente de los platos basados en el cerdo ibérico, e interesantes sugerencias con atún. De los entrantes degustados en mi última visita destacaría una fabulosa lasaña de setas y las sabrosas croquetas, especialmente las de puchero y unas anodinas papas arrugás que desmerecen el resto de platos. Entre los platos principales un bien concebido tataki de carne, cuya ejecución no es del todo redonda y un muy satisfactorio solomillo. Todo servido por un personal amable y dispuesto aunque, ese es su punto débil, con un ritmo más lento de lo deseable. Es, sin duda, un restaurante importante que puede serlo más.

 

 

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