Nombre La Almazara de Carmona
Dirección Calle Santa Ana, 33. Carmona (  )
Horario De 13:00 a 16:30 y de 20:30 a 23:00
Teléfono 954190076
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza

«Sólo por su generosa carta de vinos tintos, blancos y generosos por copas merece una visita»

Las dos de la tarde y al terminar una reunión en FIBES y nuestro anfitrión nos sugirió ir a comer a un sitio de Carmona que él conocía bien. Le miramos como si nos hubiera dicho que porqué no íbamos a tapear antes al Caballo Rojo de Córdoba. Pero como nos insistió, nos dejamos llevar y, sin dejar de mirar el reloj y para nuestro asombro, entrábamos en el restaurante a los 16 minutos de salir del Palacio de Congresos sevillano. Este preámbulo viene por lo de siempre. No todo empieza y acaba en el Aljarafe…Carmona también está cerca.

En un antiguo molino de aceite nos recibe este restaurante que, como todos últimamente, combinan zona de barra, de mesas altas, de mesas de tapeo y restaurante más formal. Y, además, una pequeña terraza. ¡Para todos los gustos!

Nos llama la atención desde que entramos la carta de vinos por copas, con casi treinta referencias entre blancos y tintos, pero sobre todo la carta de “sherry”, con decenas de propuestas -también por copas- que van desde el fino en rama al pedro ximenez, pasando por todo tipo de generosos. Un ejemplo a seguir, sin duda.

Nos dejamos asesorar y aunque se nos van los ojos detrás de un par de platos de nuestros vecinos de mesa, comenzamos con una de las especialidades de la casa, unas croquetas de espinacas con piñones delicadísimas, con apenas un ligero rebozado, de las que podrías tomarte diez seguidas, un hallazgo. A continuación una estupenda y original ensaladilla rusa. Estupenda y original porque combinaba ventresca de atún, remolacha, guisantes lágrimas y granadas y la sirven en una especie de vaso grande que te recuerda a los que precisamente se utilizan para hacer la mayonesa casera. Seguimos con una parrillada de verduras frescas, rematadas con un toque de aceite de arbequina ahumado. Y finalizamos con el plato que más nos gustó, una fideuá con calamar de potera, cigalas y cebollino con fideos finos y sueltos a la que, por ponerle un pero, sólo le faltaba un punto más de picante al alioli.

Punto y aparte son sus postres, que con nombrarlos ya se pueden hacer una idea: perfecto de turron con chocolate caliente por encima, tarta de chocolate con helado de mandarina – que es la que probamos y bendecimos-, o una esfera de chocolate relleno de crema de avellanas, que es una auténtica tentación para niños y no tan niños.

Salimos encantados de aquí. Un sitio atractivo -sobre todo la zona de comedor-, una comida tradicional pero con evoluciones bien pensadas, y un servicio que, uno por uno son estupendos, pero cuando te atienden todos a la vez (cuatro camareros distintos a lo largo de la comida) te despistan un poco. Y, bueno, sus postres…