Nombre Taberna Matadero
Dirección Avenida de Ramón y Cajal, 116 (  )
Horario De martes a sábado de 9:00 a 16:30 y de 21:00 a 23:00; Domingos de 9:00 a 17:00
Teléfono 954662605
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza

«La casquería -madre del concepto de tapa- se eleva aquí al rango más alto de la gastronomía»

Raro es el gobernante que pasa por la Casa Consistorial, sea del partido que sea, que no le tenga manía a la sombra. Hay como un fervor sahariano porque el sol asuele las calles y de paso las testas de los sevillanos. Alcalde que llega, alcalde que le mete mano a la poca arboleda que va quedando y deja parques y calles a expensas del cruel Lorenzo. Mucho cemento para solaz del astro rey es lo que los arquitectos y políticos modernos quieren; que no haya sombras en la gestión urbanística es la máxima que los barandas de la cosa se han tomado al pie de la letra, mientras que la plebe pasa las de Caín ahora que todo es peatonal y ciclista.

Así las cosas, para qué vamos a engañarnos, donde mejor se está es en un bar. Y en el que hoy sacamos a la luz merece mucho la pena pasar el rato. El Matadero data de 1910, más antiguo aún que el degolladero de reses que le da nombre, el cual se inauguró en 1916. De la más absoluta ruina lo han sacado un matrimonio emprendedor donde los haya, Rafael Miranda y su contraria, Chari, quienes le han echado el resto para devolver a la vida un emblemático y ruinoso templo de la casquería sevillana. Porque en los alrededores de los mataderos públicos tuvo su esplendor una cocina del despojo que está en vías de extinción. Si Rafael, que viene del sector de la construcción se ha ocupado de rehabilitar el edificio, la Chari, madre de casa, se ha ocupado de la restauración brillante de la tapa gitana.

La casquería -madre del concepto de tapa- elevada al rango más alto de la gastronomía y un reto para cocineros y cocinillas: unas mollejas imperdonables, las manitas de cerdo que son para ponerles un Rolex, la cola de toro de vuelta al ruedo o un menudo casero de reclinatorio y misal dan fe de lo que aquí se escribe. Todo ungido por la madre de todas tapas mataderas: una salsa absolutamente inmejorable donde ahogar sin piedad una telera de Las Cabezas.

Cruzcampo en jarrita helada para combatir la canícula de los días de sol y moscas y una buena carta de vinos colorados donde recomendamos un manchego llamado Epílogo que apadrina perfectamente la ensaladilla rusa y toda su buena cocina de cuchareo.

De la bella Chari, salen hasta las patatas fritas de cuchillo y perol y todo servido en barra o mesa por Miranda con agrado, pero con la parquedad del tabernero de escasa verborrea al que no le gusta meterse en conversaciones ajenas ni que le hablen de la cosa mala.

Los funcionarios de la zona que allí desayunan y disipan el hambre no nos perdonarán nunca que hayamos soleado este casa pero la difusión de estas perlas también es un servicio público, qué caramba.