Nombre Bar Ambigú
Dirección Feria, 47 (  )
Horario De 8:00 a 1:00
Teléfono 954381015
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza

Creo que está bien que no se fume en los bares. Otro tema es la manía de prohibir, ¡Qué obsesión histórica de prohibiciones hosteleras! Prohibido escupir, prohibido el cante… y ahora fumar. Como aquella queja de nuestras madres: “¿Hijo porqué no sale de ti?” Pues lo mismo, si no es necesario prohibir hacer aguas mayores o menores en el suelo del bar, debería salir de nosotros no fumar donde hay gente comiendo sin que nadie lo diga. De paso eliminamos esos repugnantes ceniceros llenos de líquido como escupideras antiguas en miniatura que es lo más tercermundista que se ha inventado desde aquellas cerámicas al cobre que había en los lugares públicos para alivio de la tos productiva.
Dicho lo anterior, viene hoy a esta retahíla por derecho propio un sitio tela de curioso: El Ambigú. Un bar en la calle Ancha la Feria con una cocina digna de estudio. La taberna total: desayunos variados, tapas clásicas, menús económicos y cocina creativa, (no cocina cretina que eso es otra historia de muchos bares “modernuquis” del antiguo barrio de la Alameda de Sevilla, actual Torrijogrado).

La decoración de nuestro bar es peculiar por inexistente. Es una tasca de barrio con azulejos de cuarto de baño imitación de Mensaque y mugrientas estampas cofrades, creo que cutre adrede, que contrasta con una clientela variopinta que va desde el aficionado a la buena mesa hasta el moderno gafapastas con palestina al pescuezo. Suscriptores antiguos de ABC pocos, para qué nos vamos a engañar… Otra peculiaridad es el servicio, verdaderos profesionales, nada que ver con el camarero- coleguita típico de otros gastrobares de la zona.
De lo clásico, me quedo con las espinacas, el típico manolito (montadito de lomo ibérico con tocino de jamón) o un excelente menudo garbancero, armonizado con un aplique de manzanilla Pedro Romero. Sugiero al lector que no se quede en la superficie y busque sus originalidades: Hojaldre relleno de buey y piñones, magret de pato al oloroso con crema de castañas, queso de cabra con mermelada de zanahoria a la vainilla o el sashimi de atún rojo teriyaky al aceite de vainilla. No se pierdan las albóndigas de choco a la crema de marisco, nada que ver con las bolas de masa harinosa que ponen por ahí.
Todo ello en un ambiente desenfadado –ensalada templada de “auténticas” gulas del norte– pero a la “misma vez” serio, culinariamente hablando. Una cocina de nivel y muy económica en estos tiempos de pana, (cómo estará la cosa que esta navidad el único marisco que ha entrado en casa es un cd de Diego el Cigala y, además, pirata).
Volviendo al pitillo: “fúmense” de postre un canutillo de Idiazábal con membrillo y un Catunambú hecho lentamente en su vieja “Venezia”. Alucinarán con las tapas de este curioso bar. Salud y libertad. (Para todos)