Nombre Bar Restaurante Tarín
Dirección Jesús del Gran Poder, 91 (  )
Horario De 13:00 a 16:30 y de 20:00 a 00:00
Teléfono 954425170
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza

Si un barrio aúna poesía y vida en Sevilla, ése es San Lorenzo y su Alameda. Por aquellos andurriales anduvieron y todavía trajinan poetas de diversa calaña en busca de la inspiración certera que cuadre el verso cual ficha de dominó y ahuyente al ripio barato e insolente. Un barrio bohemio, de cante y letras; de noches largas y mujeres que fuman tras la mirada turbia. De Caracol y Pastora; de Bécquer y Cernuda. Un suburbio en tiempos bello y afilado que alumbró sus mejores momentos de lírica entre aguardiente, pasiones, navajas y purgaciones de penicilina.

Allí estuvo La Palma de Oro, uno de los antros de reunión de la bohemia más canalla de aquella Alameda. Hoy está abierto de nuevo de la mano de Paco Camacho, vecino de San Lorenzo, y de la donostiarra Jaione Egaña. Camacho pasó 12 años entre los fogones de Oriza y de allí se llevó, además de la sabiduría culinaria, a la hermana de Iñaki en la salud y en la enfermedad.

El tarín no es otro pájaro que aquel que aquí llamamos jilguero. Quizás tenga esto que ver con el concepto de cocina vasco-andaluza que despachan en esta casa encendida. Lo mejor que se puede decir de Tarín es que no es un gastrobar -ni Dios lo premita, que diría La Faraona- porque esto es un restaurante de una pieza. Un bar al que hay que venir como si fuera uno al médico: enayuna.

En su carta de platos se aprecia la reverencia vascuence al dios-pez, sobre todo en el trato a la merluza tanto con navajas, gratinada con holandesa o con gambas al ajillo; en su rape en salsa de erizos o el revuelto de bacalao con piquillos. Todo esto comestible en su barra o en mesa. Por tapas recomienda el cronista el bocadito de rosada al alioli, el nido de patatas relleno de caviar y erizo sobre algas marinas (claro, no van a ser de la sierra)…o el pulpo a la parrilla.

El examen de la ensaladilla de gambas la pasa con nota alta, lástima que este pájaro no tenga buen alpiste, como le pertenece a una cocina tan sólida, y su carta de vinos sea corta y tan poco interesante como su foránea cerveza de barril.

A la hora nocturna, aquello se embarbasca de gente de todo pelaje y condición que atienden al reclamo de una comida que, a diferencia de otros locales de cocinilla creativa del barrio más cursis que un minué, aquí es seria y sincera como corresponde al buen carácter vasco; sin pamplinas ni en su decoración ni en sus platos. Por ello trae más cuenta ir al mediodía, cuando no habita el agobio y se puede disfrutar, por ejemplo, del crepe de queso y pétalos de amapola o las trencitas de lenguado al cava sin las apreturas de la noche cerrada.