Nombre Bodega Dos de Mayo
Dirección Plaza de la Gavidia, 2 (  )
Horario De 12:30 a 16:30 y de 20:00 a 00:00
Teléfono 954908647
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza

Salir de tapas en Sevilla es tarea fácil: hay un bar casi en cada esquina, donde no resultará un problema pedir una cerveza y alguna especialidad de la casa. Pero encontrar un local en esta ciudad que aúne buena comida, precios ajustados y ambiente que invite al solaz y al disfrute no es tan sencillo.

¡No se preocupen, lo hemos encontrado! En pleno centro de Sevilla, en la Gavidia, nos espera la Bodega Dos de Mayo, un establecimiento histórico que comenzó su andadura a principios del siglo XX y que tras varias reformas a lo largo de su existencia se ha convertido hoy en punto de referencia para aquellos que, hartos de tatakis, capirotes y piruletas varias,  prefieren comer platos típicos de la cocina sevillana y catar una amplísima variedad de vinos.

Bodega Dos de Mayo, así son todos sus secretos

A pesar del mucho público que se concentra en este Dos de Mayo (que puede convertirlo en un bar algo ruidoso), no es difícil encontrar un hueco, ya sea en la barra, las mesas interiores (altas y bajas) o los veladores en la misma plaza de la Gavidia. Por cierto, tan cerca del párking público de El Corte Inglés, que la zona azul o la falta de aparcamiento en la zona no tienen por qué ser un impedimento para acercarse a este local.

La carta de este bar del centro de Sevilla es larga y hay donde elegir: chacinas, quesos, ensaladas, fritos del mar, revueltos, mariscos, carnes o montaditos, en versión tapa o plato (medida a caballo entra la media y la ración completa) según el hambre de cada cual. A esta oferta se une una variada lista de sugerencias del día que es conveniente revisar antes de decidir.

Así es su carta

Eso es lo que hicimos en nuestra visita, apostando en primer lugar por una ensaladilla de pulpo que, a pesar de no cumplir con todos los requisitos exigidos por la muy noble y sevillana Orden de la Ensaladilla Rusa (ODER), estaba rica y conseguida.

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Pasamos a continuación a probar unas croquetas de carabineros, buenas de sabor y textura, y un medallón de atún al ajoblanco y mojo verde (excesivamente similar al pesto italiano), al que le sobró un poquito de plancha y le faltó algo más de ajoblanco.

Deliciosas resultaron las albóndigas de chocos y gambas, emplatadas con patatas panaderas y con una salsa a la que resultó imposible renunciar con un barquito de pan en la mano, y también muy recomendable el solomillo al whisky, tapa sevillana por excelencia, que se mostró espléndida por su sabor y presentación, con sus ajos confitados y patatas fritas. Un «must», como los cursis se atreven a decir ahora.

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Por último, nos decidimos por unos buñuelos de bacalao, producto este marca de la Bodega Dos de Mayo, que más parecía un pavía que un buñuelo al uso, y al que habríamos acompañado con algo más que una ensalada variada de lechugas sin aliñar. Aún así, el bacalao era de excelente calidad, y suplió con creces la falta de color en el plato.

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Hay un detalle importante que se debe mencionar y que se olvida en muchos casos: la calidad del pan servido y los piquitos, horneados en Utrera, que aportaron a la comida el punto necesario para aquellos que no sabemos comer sin un trozo de pan en la mano.

De la lista de postres nos decidimos por una mousse de yogur con frambuesas que no alcanzó nuestras expectativas por su falta de suavidad, sabor y presentación. La nata sólo sirve para esconder, y la mousse debería deshacerse en la boca, sin necesidad de, prácticamente, masticarla. Probaremos, no obstante, otros postres en futuras visitas para descubrir si fue sólo un negativo azar del destino, o si es que es mejor irse a tomar un helado a cualquier local cercano y que ahora tanto proliferan por el centro de Sevilla.

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No terminaremos estas líneas sin acordarnos del servicio de camareros, siempre atentos a cualquier necesidad, rápidos y corteses, sin caer en el mal gusto o la falta de educación en muchos casos. Díganme si no algún local de moda donde no les hayan tuteado o atendido con un «¿cómo estáis, chicos?» en los últimos tiempos.

Gracias a Dios, esto no se produce en la Bodega Dos de Mayo, acostumbrados como están a recibir al sevillano y al turista, con cartas en inglés, francés, alemán, italiano y ¡koreano! Sí, sí, koreano, pues esta bodega no sólo está recomendada en guías como Michelin, Le Routard o TripAdvisor, sino también en una especializada en turismo de este país asiático, por lo que no será difícil beberse una Cruzcampo mientras uno se hace entender con un vecino de Korea. Sevilla misma, ¿o no?