Nombre Bodegón Orosierra
Dirección Nivel, 19 (  )
Horario De 7:00 a 19:00
Teléfono 954356223
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza

Esta ciudad no solo es el centro y los barrios. También tiene sus polígonos. A los industriales me refiero, no a al “polígano” por excelencia con su exuberante calle Sinaí, una exposición de buenos bares a la que un día meteremos mano por aquí.
Polígonos, decía, abandonados de la mano de Dios y donde sobreviven la poquita industria de esta tierra y, por ende, los sevillanos que van quedando con trabajo. En uno de ellos, Store -la pequeña China por sus almacenes de todo a cien- los que allí la doblan tienen la suerte de tener desde hace poco un restaurante de polígono de nivel: Orosierra. No quiero dejar de citar al fundador de la dinastía, Manuel Rodríguez. Un emprendedor de los que daban la cara en el tajo y no en las fotos de sociedad. Un hombre que a lo largo de su carrera como representante de margarina Arias, conservas La Onza de Oro o el queso Manzer, supo crear empresa y empresarios: la cadena de charcuterías Valle de Orosierra y dos generaciones de brillantes creadores. Armando Rodríguez representa a esa tercera generación regentando el bodegón que nos ocupa.

Aquí se han gastado los cuartos bien gastados y han montado un restaurante con buen gusto y todos sus avíos, un cortijo entre naves industriales. Llama la atención su espléndida colección de macrofotografías taurinas y sus tiradores de cerveza: enormes jamones de bronce por donde mana una Cruzcampo fría que acompaña divinamente una tapa de champiñón relleno de jamón, exquisita. Aunque entre semana sea un sitio donde reponer fuerzas para la faena, los fines de semana se llena de familias porque es un lugar donde se puede venir con niños que estén domesticados. Flamenquín, Montadito de la casa de presa y jamón, solomillo al whisky o el arroz de los sábados son tapas aptas para todos los públicos. Cuidan la cocina, usando patatas naturales para freír y presumiendo de gastar Oleostepa, la sangre de la albariza campiña que gerencia con maestría Alvaro Olavarría.

Es una pena que metan la pata con un pan incomestible. Yo recomiendo el vino de la casa: Dinastía Vivanco, de la Rioja. Un riojita facilón perfecto para acompañar un plato de queso curado Ronkari en la barra o una carne a la brasa trinchada. El servicio es abundante, amable y atento. Camareros, no “perdonas”:
-Perdona, ¿me pones una cerveza?. -Perdona, ¿qué tienes de tapa?. -Perdona, ¿me cobras?…

Tienen un entrecot, solomillo o chuletón de vacuno a la brasa, leña para los sentidos. Eso por raciones. Por tapas: el aliño de morrillo de atún, la piruleta de langostinos (no me da coraje lo de la piruleta…), el jamón o la caña de lomo. Todo de superior para arriba.

A falta de empresas, nuestros polígonos están quedando para el ocio, incluyendo el de las bombillas coloradas que de todo hay en estos lares. ¿Tiene guasa el tema o no la tiene?

Mientras esto se arregla disfrutemos del Orosierra, merece la pena.