Nombre Casa Eme
Dirección Puerta Osario, 5 (  )
Horario De 20:30 a 00:00
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza

“Hay que ver con qué poco en esta ciudad se hace un templo de la tapa: un mostrador de acero inoxidable, un tambucho por cocina y seis mesitas en la calle al Lorenzo… ¿para qué más?”

Después de una semana maqueado como un ganadero jerezano pero comiendo y bebiendo tan malamente como se come en la feria -rebujitos, fritangas, cervezas cuarteleras y demás, que los sevillanos no toleramos en la calle pero nos tragamos en las casetas- reconforta volver al centro. A Casa Eme, toda una “ermita” del tapeo en la Puerta Osario, a la orilla misma del torrente de tráfico que entra en el centro, con sus mesitas al sol y sus ventanas con gitanillas. Un sitio mágico donde disfrutar de las pequeñas cosas nuestras, del “enterismo” de Sevilla.

Casa Eme viene de Emeterio, o mejor dicho es Emeterio Serrano y poco más. Minúsculo bar -hay que ver con qué poco en esta ciudad se hace un templo de la tapa: un mostrador de acero inoxidable, un tambucho por cocina y seis mesitas en la calle al Lorenzo… ¿para qué más?

Su cerveza es como debe ser: fría, bien tirada y si la acompañas con unas almendritas fritas caseras para entonar el paladar, mejor todavía. Dejarse llevar por Eme es lo correcto aquí. No hay carta ni falta que hace, entre fotos de Cristos y Vírgenes, en azulejos sevillanos está escrita la oferta de la casa. Nada de esas odiosas cartas plastificadas y pringosas con los bordes despegados por las esquinillas…

Montaditos calientes de roquefort auténtico –”societé” pa los de siempre, bacalao, gambas, melva o carne mechá…hasta llegar al espectacular montadito de solomillo al whisky: único. Del Eme son imprescindibles, cuando las tiene, sus coquinas, preparadas al instante, que se acompañan con un bollito para mojar en su salsa de ajitos fritos y buen aceite.

Con las gambas, cigalas o bocas se tapa la ausencia del “marisco” sevillano por excelencia, que éste año se está haciendo rogar más de la cuenta – ¿será por el cambio climático?- y que tiene a los fanáticos al gasterópodo molusco literalmente de los nervios: los caracoles. Según los expertos maestros “chupadores” consultados, los que sirve Eme son de los mejores de la ciudad.

Un tinto de verano con casera blanca, en vaso fino y su hielo, con un montadito de foie de pato y jamón y una cazuelita de gambas frescas al ajillo, viendo pasar el maremágnum de gente y coches que arrastra la calle o disertando con tu compadre sobre los valores eternos de la sevillanía al suave sol de Mayo, son un placer impagable.

El Eme es peculiar hasta en el sistema de megafonía casero, por el que Emeterio llama a las mesas a recoger su comanda como una letanía cansina pero gozosa: “tortilla al whisky para la tres”, “solomillito para la cinco”… Cierra los miércoles, abre desde las doce hasta las cuatro y por las noches desde las ocho, la mejor hora para empezar una ruta de tapeo con encanto por la zona. Pero a veces, cosas de Eme, no abre cuando debe y el caso es que se le intuye dentro trasegando. Y no lo intentes convencer por la reja: si no ha abierto, no va a abrir. Todo lo más puedes intentar robarle un puñaito de las almendras que pone a enfriar en la ventana.

Acabando con el “finiquito” escrito con tiza sobre el mostrador y un”miarma” en la boca, el Eme confirma que es todo un bar de sevillanas maneras… eso es así. Punto.