Nombre Casa Eugenio
Dirección Azafrán, 37 (  )
Horario De 9.00 a 1.30
Teléfono 657878638
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza No

Recientemente nos han dejado (el Señor de Sevilla les ha rebajado del servicio) dos grandes de un estilo de atender las barras que se está perdiendo por la lógica implacable y puñetera de la ley de la vida: Pepe Peregil y Fernando Salas, el eterno costalero de tizas de El Rinconcillo. Decía el primero de ellos, en una de esas sentencias que sólo pueden acuñar los años catedráticos del mostrador, que para saber convivir hay que saber conbeber.

Si hay en Sevilla una zona fondeada en el tiempo, dentro de la ciudad ceñida y fuera de las calles de bullicio, son las callejas de la collación de Santa Catalina y la Puerta del Osario. En una de ellas, donde todavía juegan los niños en la calle hay una tasca absolutamente recomendable para convivir al pulso lento de otro tiempo.

Antiguamente fue la tienda de ultramarinos de Jesús Hortal, un soriano que la regentó durante 40 años, los mismos que lleva ahora Eugenio Santos quien entró de aprendiz con 12 años y mantiene el negocio intacto. Las alacenas y estantes de madera blanca, como el mármol de su mostrador de tienda, conservan el gusto añejo de aquellos despachos de legumbres y charcutería al corte. Preside el despacho de vinos una antigua nevera de armario con el rumor de su motor frigorífico como nostálgica música ambiental. Excelente su caña de Cruzcampo sobre la asolerada madera del mostrador de la taberna, ideal para los guisos de alta cocina trompetera que preparan en su diminuta trastienda: garbanzos, chícharos, lentejas, caldereta, menudo, carne con tomate o la especialidad, albóndigas que se escriben así pero de pronuncian almóndigas. Como sus espectaculares cocletas, de bacalao, cola de toro o puchero, de fina y prodigiosa bechamel o sus bistelitos de pollo empanados. Espectaculares.

Buen moyate para el tintineo de vasos en el mármol de su mostrador, como un tinto cosechero Puente Peñas con un surtido de jamón de Cumbre Mayores o un queso Manchenieto envejecido en la casa que también son palabras mayores. No pueden perderse su carne mechá con papas fritas a mano.

Las enormes latas, como tambores, de La Tarifeña antojan el tomate aliñado con melva o caballa o esa rancia tapa en extinción que es el arenque de lomo de sardina.

Curiosamente tiene Casa Eugenio uno de los mejores pescaos fritos que se pueden degustar en la Ciudad. Medallón de merluza, boquerones abiertos y limpiados como por la madre de uno, calamares o acedías menuditas y rizadas, sencillamente perfecto para tomar con un tío Pepe en el pañuelo de luz del rincón acristalado de la tienda en esquina a la calle Arapiles.

Y del gin tonic en el velador a la tarde de su calle parada en el tiempo mejor no hablar…

Ni Eugenio ni Antonio, tienen edad para prisas así que, por favor, acudan ayunos de nerviosismo si quiere disfrutar de un sitio y unas formas de otro tiempo.