Nombre Casa Ricardo
Dirección Hernán Cortés, 2 (  )
Horario De 13.00 a 16.30 y de 20.00 a cierre (Cierra los lunes y los domingos por la tarde)
Teléfono 954389751
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza

De la pasada Semana Santa poco hay que decir. Después del pregón de Alberto García Reyes lo mejor es quedarse callado. Mudo. Tras las palabras del periodista de ABC, uno está más guapo calladito porque hay veces que el silencio es la respuesta natural y necesaria cuando se han acabado todas las palabras y un «sanseacabó» es la firma definitiva. Un «ahí quedó» y el que venga detrás que arree.

Lo mismito que ha hecho Ricardo Núñez con su hijo, actual propietario de la antigua Casa Ovidio: traspasarle una taberna cuya única mejora posible debiera ser mantenerla a la altura en que la deja su creador.

Todas las claves de Casa Ricardo

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Poco se puede decir de Casa Ricardo que el lector avezado en asuntos tabernarios no sepa. Sus paredes son un pregón florido de estampas y vivencias donde no cabe ni una evocación más a la pasión sevillana y en su interior se apiña el capillerίo hispalense al calor de sus recuerdos en la estricta observancia de cualquier regla gastronómica y cofradiera.

No le arriendo las ganancias al vástago de Ricardo en la peliaguda tarea de modernizar este sagrario barroco de la tapa cuaresmal sin rozar un varal de lo clásico o un guardabrisas de la esencia. De momento los cambios son tan sutiles -sin entrar en el comedor- que parecen venir de la mano fina de un prioste veterano y, salvo el tono del mostrador, la luz y algún detalle como las cortinas, poco más se aprecia cambiado en el exorno del entorno.

Así es su cocina

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Si acaso unas notas musicales de frescura en su comanda de tapas como son el atún con alioli de albahaca o la minihamburguesita de presa con queso de rulo y confitura de pimientos. Novedades que alternan junto a los estandartes de su carta como son las espinacas con garbanzos, el solomillo al wiski o los riñones al jerez.

Acierta Ricardo hijo en avanzar, como hizo su padre cuando tomó el llamador de esta tasca en 1985, pero será difícil mantener el aroma y el ambiente en una casa que nunca fue una de esas recargantes y pomposas incienso-tabernas al uso. Ahí está el tajo, en renovar manteniendo lo cotidiano.

– ¿Y de las croquetas no va a hablar usted, maestro?
No, de eso no hay que hablar más. Como sucede con el pregón de Alberto, está todo dicho.
Y sanseacabó.