Nombre Casa Romero
Dirección Calle José Maluquer, local 17 (frente al nº 24) (  )
Horario De 12:00 a 17:00 y de 20:00 a 00:00
Teléfono 954430012
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza

Qué manía le ha entrado todo el mundo, en cuanto aprieta un poco la solana, con decirnos lo que hay que hacer. Que si tirar por la sombra, que si beber agua, que no correr… Como si el calor en Sevilla fuera algo de antier por la mañana. Mira como a los morenos de los semáforos no hay que decirles nada. Ellos vienen de África y allí el calor le habla de tú a la candela. Fíjese el caro lector que ellos están a pleno sol con manga larga, camiseta interior, pantalón largo, sombrero y zapato grueso. Porque se trata de ponerle barreras al calor, no como nosotros que creemos que lo sabemos todo y apenas interponemos algo frente a la calina. Si es que está todo inventado.

Otra opción es refugiarse en Casa Romero, en la Macarena interior, más concretamente en Pío XII (Pioxii como pronuncian algunos nenes de la LOGSE). Allí llevan desde 1974 dando lo mejor del mar y la tierra; bien puesto y sin pasarse cobrando.

Rafael Romero -el fundador- se tiró 30 años en la mítica Baturones. Abrió el bar junto a su mujer, Granada, y poquito a poco han ido creciendo con sus hijos hasta rematar un bar-restaurante que le echa la pata al más pintado del centro capitalino.

En esta casa se trabaja el pescado y el marisco fresco. Pero también se venera el buen vino y la cocina de temporada con una carta de setas difícil de mejorar. Su Cruzcampo es de misal: helada y en vaso sidrero llenado poco menos de la mitad. Y en vinos lo que quieran: Muga, Habla, el gaditano Garum criado bajo el mar; o el grandioso Marqués de Murrieta. Todo copeable en barra y guardado en una tintorería adecuada.

De las manos de Dolores Romero sale un pescado frito de primor, como sus buñuelos de bacalao o necesario bacalao con tomate. Decíamos que en temporada de setas tiene un gran surtido y muestra de su hacer son las alubias con gallipierno.

Recomienda este torpe relator de bares sus zamburiñas, choco frito, acedías, etc. En resumen todo aquello que lleve el apellido de trasmallo. Suele estar perfectamente frito y pueden acompañarlo de un alioli casero para matarse de rico. El vecindario atesta la casa dándole al marisco, si se puede, o a sus sardinas asadas cuando la cosa cortea.

Todo lo que se pueda pescar en Isla Cristina está aquí y si le ponen carita de pena a Rafalito hasta les puede tapear un atún fresco o una corvina plancha. El túnido pide tinto y lo otro un Ribeiro como el Viña Costeira helado, que un día es un día y luego viene el tío Montoro con la rebaja. Y por supuesto los omnipresentes caracoles, aquí de superior para arriba, dicho sea por maestros chupadores de gran prosapia.

Y es que en un barrio con tanta competencia de calidad no aguanta un bar cuarenta años si no es dando lo mejor. Compruébenlo ustedes mismos.