Da Pino: «Un italiano a la sevillana»

Por Pantagruel

Giovanni Gallo cocina estupendamente. Así, sin más preámbulos. La comida que sirve en su restaurante Da Pino es digna de ser subida a los altares: tradicional, auténtica, muy mediterránea y hecha con esa pasión que sólo tienen los cocineros jóvenes con muchas ganas de comerse el mundo. Y éste es el caso de Gallo quien, llegado nada más y nada menos que de Matalascañas, de ascendencia italiana, pasó primero por el barrio de Nervión y ahora se ha lanzado al centro, instalando su trattoria en el que fuera local del inolvidable Bar Vanera, en la Puerta Osario.

 

El horario del Da Pino es amplio: comienzan con los desayunos, que sirven desde primera hora (vuelvo a acordarme de los excelentes desayunos que servía el Vanera y su inolvidable y exquisito tortillón de patatas), para empezar a poner los almuerzos desde media mañana (el tempo del turista extranjero es el que es). Las cenas, también siguiendo el horario guiri, empiezan a las 19:00 horas hasta la noche.

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Pero empecemos por lo principal, que son las viandas. Como primer plato, apostamos por un pan bruschettone con tomate fresco, mozzarella, anchoa y pesto, muy rico, aunque se echó de menos un tomate más aromático y sabroso. A continuación, y por probar pasta y pizza, decidimos catar los spaghetti frutti di mare y la pizza Don Vito. Admito que en pocos restaurantes italianos he probado unos spaghetti con frutos del mar tan estupendos como los de Da Pino: gambón, mejillones, almejas, navajas y calamares acompañaban, salteados en una especiada salsa de tomate, a una pasta cocida al dente sencillamente perfecta.

La pizza destacó por su masa, fina sin llegar a convertirse en una filloa gallega, y por sus ingredientes frescos, con la verdura cortada en juliana y el queso fundido sin excesos. Aparte de la Don Vito, con pimientos, cebolla, atún, queso y tomate, recomendamos también pedir la pizza calzone, rellena de tomate, queso, york, champiñones y huevo; la salmone y la cuatro quesos, que ya probamos en visitas anteriores. Así como los panzerotti al funghi, la lasagna y los gnocchi con salmón y espinacas.

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No obstante, la carta no se acaba ahí. Los arroces son también dignos de mención, como el risotto al funghi o el arroz con presa y romero, además de las carnes, especialmente el solomillo Don Pino, la especialidad de la casa.

 

De postre, no puede faltar en un italiano el tradicional tiramisú, suave, cremoso y aromático. Pero por favor, no se pierdan el simoncelli, compuesto de un tierno bizcocho mojado en piña, con crema de ricotta, frutos rojos y pipas de calabaza. Desde luego, la estrella de los dulces y una maravillosa manera de finalizar la comida junto con un buen capuccino.tiramisu-da-pino-r

 

Sí voy a hacer una crítica aquí, y es que no me explico cómo, si se esmeran con la vajilla, la presentación de los platos, la cristalería y los cubiertos, es posible que entre plato y plato no te cambien estos últimos, y la camarera te haga cogerlos y depositarlos sucios sobre el mantel. No, no es de recibo. Cambien esta costumbre, por favor.

 

En cuanto a la bodega, la carta de vinos es amplia, más centrada en el producto nacional que en el italiano, nacionalidad de la que encontramos el típico lambrusco, rosado y tinto, que fresquito, marida casi con cualquier plato. No obstante, en cuanto a bebidas, hay que destacar el milagro de que en Da Pino te sirvan un botellín de refresco de 350 mililitros. Señores hosteleros, el minibotellín de los combinados es para eso, para los combinados, no para servir como bebida en una comida. ¡Así que bravo por Da Pino! Y bravo también por la oferta de pastas, pizzas y postres sin gluten. ¡Celíacos, atención, un italiano donde comer sin miedo!

 

Da Pino: Calle María Auxiliadora, 9
Teléfono: 674 54 17 10