Nombre Bodega Mi Tierra
Dirección Tamar, 3 (  )
Horario De lunes a miércoles de 12.00 a 17.00. De jueves a sábado de 12.00 a 17.00 y de 20.00 a 00.00
Teléfono 954077346
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza

Buscando buscando por los chirlos mirlos, he ido a aparecer en un barrio que no se si son Los Pajaritos, La Rosaleda o Santa Aurelia, el caso es que ha saltado la liebre. Verán, ustedes cogen toda la avenida de Andalucía adelante y frente por frente a las cocheras de Tussam, en los bajos de uno de aquellos bloques está encamada una liebre del buen condumio en forma de bar restaurante de coqueto estilo sevillano. Carlos Alberto Fernández, un tipo inconformista donde los haya, ha enriquecido el viejo negocio familiar con sus vivencias en otros fogones. Así y con buen gusto ha plantado un restaurante de una calidad empedernida y donde menos se lo puede esperar uno.

Apasionado por el buen moyate, tiene una cuidada y variada bodega que se encarga de renovar frecuentemente. Ahora se ha apuntado a esa moda generalizada por los tintos andaluces que uno no sabe bien si es amor patrio o interés por el margen que dejan los vinos baratos vendidos por copas. Lo cierto es que tiene referencias en su “tintorería”, de Cádiz, Almería, Málaga y Sevilla. Y de aquí me quedo con un redondo Borboleta de Constantina perfecto para su gran tataki de atún o su fantástica hamburguesa de retinto, servida en plato sin emparedar. En pocos sitios tienen el Tío Pepe tan frío, ideal para acompañar al toque a unas anchoas de Santoña gordas como alpargatas.

Casi todo se puede tapear tanto en barra, mesa, o tonel de su terracita y el servicio es para verlo: profesional. Sí, sí, lo que leen. Un maitre entrado en años que recomienda y trata con respeto al cliente. Un mirlo blanco, vaya, no solo en Los Pajaritos sino en Sevilla entera.

Otro clásico de aquí es la crepe de queso y gambas que se recibe muy bien con una Cruzcampo buena de frío y tiro, como su bacalao gratinado sobre suave alioli o sus espléndidas colas de cigalas rebozadas.

Abundando en su pasión por el vino, Carlos Alberto tiene además de los armarios adecuados, un expendedor de copas que permite no tener que abrir la botella y por tanto probar vinos de más enjundia sin cargar con la factura de un descorche.

Lo dicho, un sitio perdido, donde perderse y que no hay que perderse.