Nombre El Gallinero de Sandra
Dirección Calle del Esperanza Elena Caro, 2 (  )
Horario De 13:30 a 15:30 y de 20:30 h a 23:00
Teléfono 954909931
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza

Hace mucho que no veníamos por El Gallinero de Sandra. Prácticamente desde su apertura hace muchos años. En aquellos tiempos nos llamó la atención su amabilidad, su seriedad (¿quien dice que amabilidad y seriedad no pueden ir de la mano?) y sus huevos estrellaos. Hoy la esencia de aquel entonces se mantiene pero, además, ha evolucionado la carta, ha mejorado la decoración interior sin equivocarse y ha convertido un oscuro callejón en una agradable terraza semi cerrada por celosías y jardineras.

Hemos esperado a unos amigos con un salmorejo cordobés correcto, pero no tan cordobés como clama su apellido y con unas croquetas de gambón rojo que merecen estar en cualquier ranking de tan coctelera especialidad.
En seguida entramos con los huevos estrellaos santo y seña de esta casa, donde los ponen como en ningún otro lugar de Sevilla. A eso le sigue algo que nunca habíamos probado aquí antes, un tapiz de sardinitas ahumada, salsa de tomate y un queso que hace que la mezcla sea redonda. Deliciosa. Terminamos el capítulo entrantes con mezclum (sic) fantástico de tiras de calamar, espárragos trigueros y setas con una suave salsa tipo romescu que acompañaba a la perfección.

De segundo tomamos un mero al horno sabroso «per se» pero que, además, iba acompañado con verduras que realzaban el pescado, no como en otros sitios en los que la guarnición y el principal andan cada uno por su lado. Y el único lugar donde «pinchamos» es en un experimento de pollo con noodles acompañado con una salsa agridulce que nos parece fuerte, artificial y no del todo conseguida y unos noodles distintos a los que esperábamos.

Y del postre, que siempre han cuidado aquí tanto, sólo podemos decir que sólo por él está justificado venir: un fantástico flan de dulce de leche con textura de puding y regusto de caramelo de los antiguos.

Sandra sigue divirtiéndose –y divirtiéndonos- decorando su gallinero, con su original oferta de vinos, dando de comer a sus polluelos y cambiando la carta cada dos por tres (aunque, eso sí, manteniendo platos estrella como el bacalao dorado, el arroz con pato cremoso, la parrillada de verduras…amén del ya citado huevo estrellado).