Nombre Casa Palacios
Dirección Calle Porvenir, 4 (  )
Horario De 7:30 a 23:00. Cierra los domingos.
Teléfono 954231132
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza No

Es menester ver cómo ha quedado la Expo 92 para darse cuenta de lo malamente que ha envejecido aquello. Igualito que la del 29, por las que hilan. Mientras que la muestra de la Cartuja es un mazacote de edificios descacharrados por la falta de mantenimiento, lo que nos queda de la de 1929 forma parte del mejor legado arquitectónico de la ciudad. Aquello que se montó “de cara” a modernizar la ciudad se consume entre jaramagos y herrumbre, mientras la regionalista expo de primeros de siglo rebrilla en todo su esplendoroso regionalismo colonial.

De cara a aquella exposición vino a Sevilla un soriano a poner un almacén de coloniales en el floreciente barrio del Porvenir. Blas Palacios se llamaba el hombre y tuvo el buen gusto de hacerse del Betis y de adornar su negocio con las maderas nobles del pabellón de Cuba, como su mostrador de caoba: negro, duro y acogedor cual cacha de mulata zumbona.

Sus descendientes mantienen el local casi intacto, con el aire decadente del vecindario que en las tardes de canícula trasmina una marea a dama de noche y jazmín, como si anduviera uno por las calles que cantaran Chabuca o María Dolores Pradera. Hasta ese puntito malaje del castellano “sequerón” conservan sus dueños que no parten peras con nadie a la estricta hora del persianazo, estén los clientes que estén y como estén.

Una parejita amartelada con dos copas de Pedro Ximénez y una papela de lomo al Jerez, o un grupo de chaveas al fresco de la atardecida, pimplándose unos botellines cuajaditos de frío de la Cruz del Campo con un papelón de tacos de salchichón -que mejor botellín que botellón y papelón que papelina- forman parte de una clientela que parece venir puesta con la decoración.

Lo clásico de Palacios es la chacina de guarro ibérico de Huelva acuchillada con maña y servida en papel de cera. Su jamón da la hora, finamente cortado y en su punto de sudor bellotero, como su caña de lomo. Tiene también un fino laterío para tomar con el gran Valdepeñas de la casa al que se le pueden bajar los humos con un toque de sifón. ¿Y un montadito de melva con pimiento con su catavino de Tío Pepe frío?, ¿No está bueno eso?…

Lo dicho: si a usted le da un avenate de comer jamón bien cortado, en lascas o en taquitos, sin prisa y con el ambiente de otro tiempo, no lo dude, déjese caer por esta casa museo de la pringue y el pimple y avíese de lo lindo, que mañana quién sabe dónde vamos a estar.