Nombre Bar Grana y Oro
Dirección Niebla, 27 (  )
Horario De 7:00 a 23:00. Cierra los domingos.
Teléfono 954271863
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza No

Recientemente, una alta carga socialista muy conocida en su casa del pueblo a la hora de comer, ha desvariado con que la gente de Los Remedios se levanta a las 11 de la mañana. Que se lo pregunten a los del Grana y Oro y a sus clientes, que abren todos los días a las 6 de la mañana, espabilándose para poder pagar con sus impuestos el jornalito de la susodicha.

En 1964 nació este pequeño bar, de la mano de Manolo Soriano, que hace poco abandonó la efímera gloria sevillana para establecerse en la verdadera Gloria, la del de San Lorenzo. Ahora, además de Mari y de la abuela Pepa en los peroles, están tras la barra el hijo de Manolo y su cuñado Antonio, confirmando el axioma del malaje y el buen tapeo. La principal peculiaridad de este pequeño bar es su cocina artesana dónde, para ser más casero, tenían que darles a los clientes un batín y unas babuchas de paño al entrar. Lentejas, potaje de chícharos, cocido, albóndigas, guisantes, pisto etc., todo ello como plato del día, y una carta de tapas apabullante: carne con tomate, churrasco, croquetas o el atún en dos versiones: encebollao o con tomate. Espinacas con garbanzos, papas aliñás…. Grandes tapas, en todo el sentido de la palabra que hacen difícil probar más de 3 y por eso conviene ir acompañado, para compartir. Como nadie es perfecto, flojean mucho en los vinos, pero tiran bien la Cruzcampo y tienen un gran gazpacho.

En esta casa se puede ver algo insólito: las tatas del barrio –y los que no son tatas- vienen con sus fiambreras de plástico a llevarse guisos y tapas para casa. Su tortillón de papas por encargo, para llevar, es de llorar de bueno, como su carne mechá. Me quedo con el detalle de sus patatas fritas de guarnición: auténticas, cortadas a mano y en su punto de fritura: mejorando la tapa en vez de rellenando el plato como en otros sitios. Los martes ponen un excelente menudillo de pollo hecho el día anterior. Si el lector anda en plena operación bikini o meyba, apuesten por su picadillo de tomate, cebolla y bonito o su soberbio chipi plancha con un alioli potente pero nada reiterativo. Un bar para ponerse como a nadie le importa.

En los días feriados, esta casa es un buen sitio para recenar con sus magníficos desayunos a base de tostadas de roquefort, manteca colorá, de lomo o de auténtica
pringá. Para darse un ágape en el Grana y Oro, hay que probar el “gordon” bleu (sic), el sanjacobo casero o la merluza en salsa blanca. Y las tapas de salsa, siempre con casi media viena para mojar en la sustancia, como debe ser.

De postre, un plátano o una mandarina, ¿se puede ser más casero?