Nombre La Brunilda
Dirección Galera, 5 (  )
Horario De martes a sábado de 13:00 a 16:00 y de 20:30 a 23:30. Domingos de 13:00 a 16:00
Teléfono 954220481
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza No

Lo de la avenida es de Pichardo. Tanto que debería cambiar su nombre actual por el del sevillanísimo comercio de disfraces y artículos de coña por excelencia. Nada hay más hispalense que vivir en la calle sin mover un músculo y disfrazado de lo que no se es. Vamos, como esas estatuas humanas que pueblan el actual velódromo de Sevilla más conocido como avenida de la Constitución.

Lo del servicio en los modernos gastrobares también es de Pichardo. Coleguitas disfrazados de camareros echando de comer de cualquier manera tienen mucho de peluca, nariz postiza y saxofón de plástico pequeñito. Es la verdadera asignatura pendiente de la moderna restauración creativa en Sevilla.

La Brunilda vence muchos tópicos de los gastrobares de la ciudad y eso se agradece: tiene un magnífico local, un antiguo cocherón de portón de madera, techos altos artesonados, buenas mesas y barra y un aspecto más que aseado. Además trabajan muy bien los vinos -saliéndose (¡aleluya!) de la bierzitis y el andalutinto mediocre tan en boga en otros bares modernos- gracias a la labor de Esperanza Nievas su sumiller y copropietaria junto al joven cocinero Diego Caminos. Sin embargo, se echa de menos la generosidad de Jerez y Montilla-Moriles por ejemplo para acompañar tapas tan espectaculares como la fideuá de marisco y almejas.

Su pollo de corral con polenta frita es prodigioso, como la porra Brunilda con melva o el audaz chipirón a la plancha con migas y huevas de arenque, tapas trasegables con Finca Resalso o Jose Pariente. Cocina a la vista, con la actividad frenética de Diego Caminos y sus compinches, que a duras penas abastecen a la clientela en tiempo y forma cuando el local se atiborra, en parte también, por la bisoñez del servicio. Un servicio torpe e inexperto que ensombrece la labor de una cocina que alcanza lo sublime con recreaciones como el solomillo de buey con patatas al tomillo (donde las patatitas asadas a la hierba le echan cojones a la carne) armonizable con Damana5 crianza o el rissotto de Idiazabal y setas que el cronista propone contrastar atrevidamente con un Satinela blanco semidulce o con un tinto extremeño como Habla del Silencio.

Decimos que el local es acogedor hasta que se llena (sobre todo los festivos) y entonces se hace ruidoso y su magnífica barra se convierte en un depósito de platos, vasos y estruendoso fregadero; algo absolutamente detestable para poder apreciar en su mostrador una de las mejores cartas de tapas de autor que se echado al pecho este cronista en bastante tiempo, obra del joven cocinero gaucho Diego Caminos.

Para terminar, pocos postres pero buenos donde destaca el tarte tatin de manzana o pera caliente con helado de dulce de leche. Una joya para tomar en estos días donde el otoño atemprana la noche y hace más lento el andar solitario o acompañado por el barrio de El Arenal.