La Cata Ciega, vinos y tapas: «Un poco de tasca, basta»

Por Euleon

La Cata Ciega, vinos y tapas: «Un poco de tasca, basta»

A vueltas con el tapeo clásico o moderno, hemos creado los sevillanos otra trifulca en la que entretener nuestro paso por este mundo. Hay quien quiere mantener intactos los sacrosantos cánones de la sangre encebollá o de la ensaladila rusa y quien quiere ponerle reducción de Módena, humo y humus a cualquier cosa que llevarse a la boca.

Un servidor, humildemente opina que de todo ha de haber en la viña del señor y que tan malo es el que quiere hacer lo clásico y no sabe, como lo contrario; el que quiere inventar sin tener ni idea y termina creando una paparruchá con la que darse pisto de cocinero creativo.

Todas las claves de La Cata Ciega

Y de por medio la casa sin barrer, es decir, el abandono de la madre del cordero que tiene que tener una taberna que no es otra que el ambiente, ese aire inexplicable que hace al parroquiano estar a gusto y disfrutar con lo que sea que le pongan si la compaña acompaña.

Álvaro Harillo se ha venido de El Puerto con media tasca que una vez tuvo allí y se ha ido a poner en lo que fue Casa Rollán. Una de las cantinas con más ángel de Sevilla. De momento ha empezado la casa ─o la taberna─ por los cimientos y si algo se puede decir de La Cata Ciega es que es discretamente elegante y acogedora a la vez.

Vamos que se le van a uno las horas muertas allí, sin mesas bajas ni veladores, con el espacio y las distancias justas para que surja la magia de lo cómodo; del estar uno mejor que en brazos o como decía aquel: «Como se está en casa de otro no se está en ninguna parte».

¿Qué encontramos en la carta?

Ya puestos estos principios luego viene el servicio, discreto y nada «encimista», aconsejando lo justo y siempre con el paso atrás de la selecta distancia. Todo lo anterior dando paso a una cocina corta y por derecho, que sirve de pretexto para dar de beber una espléndida y sabia combinación de moyates, tanto colorados y blancos como jerezanos.

Harillo concierta a la perfección el tapeo tradicional con los detalles noveleros, dicho sea sin mala intención: unas esplendidas fabes para casar con un oloroso o su comentado tataki de retinto para redundar con un tinto de Rioja del Duero. O del mismo Cádiz, Málaga o Sevilla.

La pizarra la preside siempre un guisote del día, normalmente donde no falta su majestad el garbanzo, ya sea en potaje clásico o en su versión con langostino, alcanzando la calificación «del carajo» que es la estrella michelín de los buenos antros.

Rissotto, ensaladilla, atún marinado, arroz negro… Cualquier cosa es una buena excusa para abrir un vino y darse a la lujuria de la charla en buena compañía, viendo pasar el tiempo como quien oye llover.

Y que vivan las tascas, modernas, antiguas o mediopensionistas, pero que no mueran nunca, por favor.

La Cata Ciega
Dirección: C/ Zaragoza, 15.
Teléfono: 622 84 33 74