Nombre La Despensa
Dirección Calle Fray Pedro de Zúñiga, 4 (  )
Horario De 13:00 a 16:30 y de 21:00 a 00:15
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza No

¿A quién se le ocurre meterse en un asador con la que está cayendo? La realidad es que aterrizamos aquí por equivocación. Nos dirigíamos a almorzar a otro restaurante que encontramos cerrado –definitivamente- y preguntando por un sitio alternativo, un buen señor nos indicó éste de La Despensa.

Y hemos titulado cocina natural porque, aparte de que lo ponen en su publicidad, todo aquí lo es: la decoración rústica, con pinta de asador pero en pequeñito; el servicio, encantador; la carta, que se entendía a la primera, y la calidad de la materia prima tanto en verduras, como en carnes. Y los comensales, de lo más variopinto: ejecutivos, familias enteras, huéspedes solitarios del cercano hotel Los Lebreros.

Nos inclinamos por dos entrantes ligeritos para seguir con las carnes. El revuelto del tiempo (10,00 euros) con calabacín, berenjena, pimiento, melva, bueno de sabor pero que se les quedó seco en la sartén. Y cogollos de Tudela (8,00) muy bien aliñados y con una buena ventresca que los redondeaba.

El espectáculo llegó con las carnes. Especialmente con una presa Ibérica entera al horno (32,00) deliciosa, al punto exacto de cocción, con una guarnición de patatas fritas de las redondas y pimientos de los que ya no se ven, y un chuletón de buey a la brasa, también para dos (32,00) con un corte excelente, tierno y jugoso. Para otra visita dejamos su oferta de cochinillo y cordero.

Aunque la larga oferta de tartas caseras es digna de estudio, nosotros decidimos acabar el rioja de la botella con unos quesos excelentes, a destacar la Torta de la Serena.

Un descubrimiento, en resumidas cuentas, que además nos deja las defensas altas ante la dieta mediterránea que nos aguarda a la vuelta de la esquina. Todo ello en una ambiente tranquilo –a veces lento- y acabamos sin dejar atrás un ruego que es que traten mejor los vinos en temperatura y con la cristalería que utilizan.