Bar Kiko

Los faisanes también lloran

Por Euleon

Nombre Bar Kiko
Dirección Herbolarios, 17 (  )
Horario De 12.00 a 16.00 y de 20.00 a cierre. Cierra sábados tarde y domingos.
Teléfono 954215177
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza

Estos días he vuelto a acordarme, inevitablemente por desgracia, de una anécdota de Paco Gandía que oí en Becerrita. A beneficio de las víctimas del tsunami de Tailandia, un grupo de artistas sevillanos organizaron una gala benéfica y fueron a contárselo al genio de la calle Viriato que ya por entonces apuraba el tiempo muy malito que estaba. En el momento en que le relataban el proyecto, confirmó su participación la llorada Rocío Jurado y así se lo hicieron saber. Gandía, en una ocurrencia de postrera genialidad, se apartó la mascarilla del oxígeno y largó:

– Decidle que no vaya a cantar Como una Ola, hombre por Dios…

A los pocos días, ya tenía la camita hecha en el Macarena, el más grande de los humoristas que haya parido esta ciudad.

Sirva esta introducción como saludo cariñoso al pueblo japonés, que ama lo nuestro más que muchos de aquí. Por eso me meto hoy con ustedes en un bar con nombre camelísticamente oriental, el Kiko.

Tienen un serpentín de Cruzcampo capaz de enfriar el núcleo del reactor más caliente… La tiran en el vaso de caña clásico, el barrigón de siempre, el que agrupa la espuma arriba en su justa medida. La carta del Kiko es un canto a lo clásico: Pisto casero, sangre con tomate, pinchito, lomo a la plancha… tenemos, también, el sanjacobo, las espinacas con garbanzos, las croquetas de jamón, los huevos bechamel (no los pida al revés si es usted extranjero, por favor).

El Kiko es un bar estrechito con una buena barra a lo largo y un pequeño comedor al fondo. Un bar al estilo de los años sesenta, alicatado hasta el techo, con la televisión siempre puesta y las ollas exprés chiflando a todo lo que dan. En verano se está de lujo en sus veladores porque la calle Herbolario -la peatonal que va de la Plaza del Pan a La Alfalfa- es estrecha y por tanto fresquita y acogedora. Un local con ambiente nocturno propicio a sorpresas como la que se lee en un artículo de Félix Machuca colgado en la pared y protagonizada por El Pájaro, guitarra de Silvio, que se enrolló una noche de cervezas y otros herbolarios tocando marchas procesionales con acordes de blues y jazz.

De día funciona muy bien como casa de comidas con una clientela que acude al olor del guiso generoso y nutritivo. Su dueña cuida a sus clientes como hijos a los que engordar y les administra cocidos, potajes, guisantes con jamón, sopa de picadillo, pescado frito o albóndigas con papas. Llegando el verano es imprescindible su gazpacho fresquito. La fama de su carta se la llevan sus lagrimitas de faisán en adobo, que yo no he visto una ciudad donde lloren más los pollos y otros pájaros… ¡Quién pudiera llorar lágrimas de faisán en adobo del bar Kiko en vez de las otras!