Casa Rafel

Casa Rafel: «La conquista del sabor»

Por Pantagruel

Casa Rafel: «La conquista del sabor»
Nombre Casa Rafel
Dirección Calle Virgen del Valle, 10 (  )
Horario De 13:00 a 16:00 y de 20:30 a 23:00
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza No

Durante siete años fue el anfitrión de los donostiarras en Viento Sur, restaurante con el que cosechó numerosos éxitos. Hoy son los sevillanos los que pueden disfrutar de la comida del cocinero Eugenio Rafel en su ciudad natal, y más concretamente, en el barrio de Los Remedios. El local que albergó DeÓ en la calle Virgen del Valle aloja en la actualidad este bar-restaurante, Casa Rafel, en el que la cocina tradicional, de principios sólidos e inequívocos, se funde con la inventiva propia de aquel que ha formado su carrera en restaurantes con estrellas michelín y que quiere gustar y conquistar a paladares exigentes y/o alternativos.

La carta de Casa Rafel es larga, no extensa, en la que destaca una amplia variedad de carnes (vaca gallega, cochinillo, ibéricos, caza…) y pescados (pargos gaditanos, chocos de Huelva, atún, pulpo, bacalao…), a la que se le suman habitualmente sugerencias fuera de carta, siguiendo los productos de temporada e imagino el ánimo del autor. El mestizaje se hace patente en algunos platos con toque oriental, en la fusión de texturas y gustos diversos, en el uso de aromas y sabores cítricos y en la acertada presentación de las viandas. Con excepciones, claro. En la carta de vinos, con más de 65 referencias, destacan los generosos andaluces y una larga lista de denominaciones de origen.

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En mi primera visita a Casa Rafel aposté para abrir boca por unas sardinas marinadas sobre milhoja de tomate deshidratado y piquillo. Deliciosas, sin duda. Los lomos plateados de las sardinas me hacían la boca agua sólo con contemplarlos, y la explosión de sabores al comerlas convirtió este entrante en una fiesta digna de recordar.

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Tuve que cambiar de plato, pues aunque pedí a la camarera una ensalada de burrata, pesto y langostinos para continuar la comida, en algún momento no muy claro ocurrido entre el minuto que la ordené y un cuarto de hora después, el queso italiano debió acabarse. De modo que elegí un salmorejo con gambón, manzana y sorbete de lima y menta. Afortunadamente acerté. El sorbete de lima y menta aportó una potente nota de frescor y sabor a una receta que puede en algún caso necesitar de un omeprazol. No fue el caso de este plato excepcional y recomendable.

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Quise probar alguna de las sugerencias propuestas por el chef para el día, así que elegí unas alcachofas con caldo de su cocción y trufa negra fresca de temporada, que la jefa de sala se encargó de rallar en directo sobre el humeante plato. Y a continuación, me sorprendió un entrante caliente, que aunaba algo tan tradicional en nuestra ciudad como la cola de toro con los sabores orientales: de resultas, mollete de rabo de toro con col china, mayonesa de cítricos y zanahorias salteadas con salsa de ostras. Confieso que sólo había probado la cola de toro en su guiso habitual y, como mucho, disimulada en croquetas, así que este mollete medio chino medio sevillano me divirtió y me conquistó a la vez.

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Por último, un plato que me decepcionó por su fea presentación y por su escasez: presa salteada con tomates deshidratados y gajos de patata. El sabor del ibérico quedaba eclipsado por la salsa del salteado y los tomates deshidratados, en mi opinión, no aportaron nada al conjunto. Un buen cochino negro no necesita más que sal, no hay que esconderlo jamás.casa-rafel-sevilla-presa-salteada

De postre me ofrecieron un fantástico arroz con leche con espuma de galleta y sorbete, suelto y bien condimentado, que me hizo olvidar la decepción de la presa ibérica.casa-rafel-sevilla-arroz-leche

Así fue mi comida en Casa Rafel, un local tranquilo, de ambiente relajado, con buena comida y excelente servicio, aunque a precios un tanto elevados. A mí me mereció la pena, desde luego. Si quieres averiguarlo, puedes llegar en bus, metro o taxi, y si usas vehículo propio, tienes el aparcamiento de Plaza de Cuba a un tiro de piedra. No lo dudes, las ocasiones especiales lo merecen.