Nombre Modesto
Dirección Cano y Cueto, 5 (  )
Horario De 08:00 a 02:00
Teléfono 954416811
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza No

«Por Huelva, cuando dos compadres no están de acuerdo, uno le dice al otro: “¡Vete a coger coquinas!” Por Sevilla, cuando dos compadres están a gusto, uno le dice al otro “¡Vamos a comer coquinas!” A Modesto»
Aceite y ajo bastan. El pequeño molusco acéfalo hace el resto. Ponga usted media bien despachada. Qué cosas: en la Puerta de la Carne, coquinas. Hacen justicia a su fama, porque saben a gloria. Las coquinas y los langostinos de Samaruco, siempre nuevos, siempre al acecho de una mirada de ojos negros a luceros garzos.

Modestamente, Modesto lleva en el negocio más de 30 años. Abrió en el 71 y no se ha movido del sitio. Calle Cano y Cueto, número cinco, con el corazón de los jardines del pintor latiéndole encima y el barrio de Santa Cruz dándole sombra en el lomo. Lo que sí se ha movido es la ganancia, que se ha levantado El Toboso, La Judería y el Al-Mutamid. Falta Rumaikiya para el casorio –y el emporio- gastronómico. Todo lo demás está. Bueno, casi todo, porque la maître no anda fina en el trato y se niega a abrir una botella si no es para bebérsela entera. Pero eso no resta enjundia a los calamares del campo, santo y seña junto a las coquinas. El jamón quita el sentido, lo mismo que las anchoas, los huevos rotos con papas, las gambas blancas, los citados bicharracos de Bajo de Guía, las ostras por medias docenas, las tortillitas de camarones, los salmonetes, la corvina a la marinera, el rape en salsa de cangrejo, las angulas lomo negro a la bilbaína, las cañaíllas, los bogavantes, los carabineros, la presa ibérica y el solomillo de buey.

Un buchito de tinto, que la retahíla ahoga. Hay que elegir desde los de la casa hasta los de crianza, desde la Rioja al Protos de la Ribera del Duero. El que pueda que se hinque un Excelso Gran Reserva del 64. El que no, que se conforme con el Marqués de Cáceres del 91. Ley de vida. La pena es que cuando llegan las calores se acaba la poleá de la abuela, buen postre para rematar la labor antes de decirle ole a Alejandro Pérez, que se desvive porque no falte de «ná» en lo alto de la tabla, de la barra si se ha elegido el tapeo o de los veladores si se ha escogido la umbría de tela.

Y al fin, de frente por la sombrita, que hay que bajar la masa. Un puro robusto al labio, la frente al cielo y la zurda al alto culo. Si el compadre quiere, mañana otra vez. Y que cojan coquinas en otro sitio. Faltaría más.