Nombre Restaurante Xkysyto
Dirección Calle Virgen de Luján, 18 (  )
Horario De lunes a viernes de 08:00 a 01:00, sábados de 12:00 a 01:00 y domingos de 12:00 a 17:30.
Teléfono 955510011
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza No

Sostenía Julio Camba que “el primer francés que se comió un caracol no era, ciertamente, un epicúreo, sino un hambriento”. Aquí al menda le gusta un tapeo clásico más que a un discapacitado intelectual una tiza: menudo, cola de toro, carrillá, sangre encebollá, manitas, ensaladilla, espinacas garbanceras, etc.; y también, como no, los caracoles. Pero les mentiría si les dijera que la prefiero a la cocina de autor y antes se coge a un mentiroso que a un individuo con movilidad reducida. Camba, en la frase citada arriba, nos alumbra con su eterna brillantez sobre un concepto que servidor ha vivido en sus propias carnes: quien debe evolucionar no es la gastronomía, sino el comensal. Quién llega a la mesa con más hambre que el perro de un discapacitado visual, además de matar la apetencia, acaba con las emociones que provocan los sabores diferentes.

Los que tenemos más años que una cancela recordamos el “salón de thé” Nova Roma. Con este cursilón nombre, y un escaparate que disparaba los niveles de glucosa en sangre nada más mirarlo, aquella cafetería era el punto de reunión de lo más distinguido del ya de por sí elegante barrio de Los Remedios. Hoy, Antonio Bort, chef de Infanta entre otros, ha retomado la esquina para sacudir el olor a alcanfor de la oferta culinaria río Betis allende. Una estudiada decoración para ofrecer además de modernidad, acomodo, acoge y recoge a quien quiera disfrutar de una oferta nueva. Su carta no se la salta un individuo de raza romaní por amplia. Aunque en estos días Bort anuncia cambios lo recomendado por el que les escribe es su ventresca de atún rojo con patatas cítricas o su merluza con arroz cremoso de algas y chipirones. Todo sabor y buen gusto en la presencia de la ración. Antes debería ser tapeado en su cómoda barra un pulpo braseado en manteca colorá, unas croquetas de huevo duro y jamón o la carrillera lacada. Tapas sobresalientes. De su bodega, bien surtida y sin novelerías gastrobáricas, me quedo con el Cepa 21de la familia Moro para meterle mano a sus bollitos chinos de cola de toro y salsa de queso payoyo, una emocionante sorpresa para el paladar. Como el mini magnum de foie, atrevida presentación para los ojos y los labios.

No se pierdan la merluza frita en pavía de algas que es una buena forma de desterrar la palabra tempura, o el risotto al aroma de trufa blanca.

Los camareros van al uso, de negro luto, pero son atentos y educados que es lo mínimo para ganarse al maltratado vecindario. Tienen mesas altas con taburetes, una agradable terraza y cuartos de baño impolutos, muy de agradecer en nuestra hostelería de las zahúrdas y los chiqueros por aseos.

Dan de desayunar bien y tienen un simpático copeo largo con vistas al otoñal paso de tórtolas de la calle Asunción.

Lo dicho carísimo lector, si quiere novedad aquí la tiene; si no, la oferta de siempre sigue siendo amplia alrededor.