Nombre Ovejas Negras
Dirección Hernando Colón, 8 (  )
Horario De 13:30 a 16:30 y de 20:30 a 00:00. Cierran los domingos por la tarde y los lunes todo el día
Teléfono 955123811
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza No

Sevilla no tiene un pelo de tonta. Ni de lista. Yo no he visto una ciudad donde haya más negocios depilatorios por metro cuadrado. Como dice Burgos, aquí cerramos astilleros pero abrimos por doquier clínicas dentales y gastrobares. Y además, depilatorios. Qué manía le ha entrado a la gente con despeluchar, ya sea al moderno rayo láser o al estilo clásico y cofrade de la cera caliente.

De nuevo gastrobar va la cosa. Genoveva y Juan Manuel García son una collera peculiar. Él es argentino y ella andaluza rotunda, y ambos decidieron ser las ovejas negras de sus familias y dedicarse al arte culinario por lo moderno. Como aquellas parejas de artistas, han recorrido medio mundo; desde la Argentina a Norteamérica pasando por Inglaterra, donde han llegado a trabajar con el «loco» Gordon Ramsay. Salen de la cantera de Martín Berasategui y Benazuza, que vienen a ser como el Cerro Muriano de los jóvenes cocineros, y se han curtido en Gastromium y en Bobo.

Donde estuvo el Bodegón Pez Espada, esta pareja ha invertido mucha ilusión e imaginación para montar un agradable local con aire de bistrot en la puerta pero con decoración moderna imitando un plató de cine en blanco y negro. Como no tienen almacén, la estantería frontal de la barra la aprovechan para amontonar decorativamente latas, botellas y cajas de cereales de esos que desayunan algunos. Es un sitio informal, para venir en reunión y sobre todo, en pareja. Allí abunda el público joven y extranjero, pero no turista. Mucho guiri culto y mucho estudiante europeo disfrutando de la beca «orgasmus» (¿Cuándo estudia esta gente, diosmío?)

La carta es corta, lo que en estos casos suele ser ventajoso. Comenzando con las ensaladas variadas, donde me quedo con la Caprese (excelente tomate fresco y mozzarella de búfala con un toque de albahaca) o la carne de buey para compartir, pasando por el inevitable tataki de atún con su soja y su sésamo perfectamente presentado con guarnición de tomate y remolacha hasta su magnífico pepito de roast beef o los boquerones al limón.

La cocina funciona como una cadena de montaje de donde salen los platos a un rincón para que Juan Manuel los bendiga y le entren al cliente de barra por detrás. Me explico: es el camarero de sala quien atiende la barra y no los del mostrador, que están para servir el líquido y coger las comandas. Vinos típicos de gastrobar, poco conocidos y locales. Blancos, rosados; cavas o tintos de donde recomiendo el Vizcondesa de Ronda además de la manzanilla en rama
Esencia de Andana. Y, aunque una cena romántica debe terminar con un buen queso, no se pierdan, en su defecto, el goloso de chocolate. Favorece mucho en la noche el gintonic bien preparado de Seagram ?s con Fever Tree, sin cuentos.

Ovejas negras, yo de ustedes los probaba.