La Quinta Brasería: «Comer con los ojos»

Por Mentapicada

Este articulillo hay que empezarlo al revés, por las conclusiones. Porque si no nos vamos a liar a dar vueltas para no llegar a ningún sitio.

Vamos a ello: pocos espacios hay en Sevilla tan agradables como el de la casa donde está La Quinta ─con un patio, además, que es un descubrimiento─, pocos servicios hay tan agradables como el de La Quinta, pocas cartas están mejor pensadas, diseñadas y se hacen más apetecibles que esta.

Y, sin embargo, y «teniéndolo tó» ─como cantaba doña Concha Piquer─ su comida no nos pellizca. Eso no quiere decir que todo no esté aceptable, claro que sí, pero no es eso lo que esperas una vez que ya te has dejado llevar por su sitio, sus manteles, su personal, su luz y su carta. Esperas lo máximo de su cocina y todo está muy bueno, pero no es excelente.

Así es la experiencia en La Quinta Brasería

Desde que te entras al inmenso recibidor te enamoras de esta casa sevillana (no «casa palacio» que es como ahora se bautiza a todo lo que tiene más de una planta).

Sus suelos, ventanales, azulejos te transportan a otra ciudad mucho mejor y más cuidada que la nuestra. Entrevés los saloncitos y si te asomas a la zona de barra un pequeño y cuidado patio te deslumbra.

No se nos ocurre un mejor sitio donde ir a celebrar una ocasión especial, donde reunir a amigos en la semiclandestinidad de uno de sus salones.

La quinta brasería

Así es su cocina

Te recibe un mantel bien plantado, unos aperitivos distintos ─aparte de las aceitunas, unas lascas de queso parmesano y un pan y aceites estupendos─.

Devoramos la carta sin saber dónde detenernos, porque cada cosa se te antoja más que la anterior. Y, mientras, unos camareros jóvenes te van sirviendo, comentando, ayudando y aclarando todo.

De todo lo que tomamos resaltamos un tartar de salmon con gambas y aguacates sencillamente redondo. Una ensaladilla de gambas con carpaccio de gambón realmente distinta, a medio camino entre la ensaladilla rusa y la de gambas.

Un sabroso y refrescante carpaccio de calabacín, champiñones y jamón y el postre, de Manuel Jara, un milhojas con crema de vainilla (aunque reconsideraríamos la forma de presentarlos en ese estuche largo de madera que aunque sorprende, no transmite una sensación muy aséptica).

¿Dónde nos dejaron más indiferentes? Curiosamente en su «brasería»: su parrilla de verduras ─más bien insípida─, y su chuletón de vaca rubia no muy tierno y al que se les pasó el punto. Con las brasas mejor quedarse corto ─y devolverlo a la cocina si es necesario que pasarse. Y aquí nos ha ocurrido en un par de ocasiones.

Terminamos. Hemos titulado «Comer con los ojos» porque si no hubiésemos probado la comida saldríamos pensando que es el mejor restaurante de la ciudad, pero la calidad de la materia prima y la cocina tienen aún puntos de mejora. Pero a poco que se apliquen van y lo consiguen. Y nosotros estamos deseando contarlo.

La Quinta Brasería
Dirección: Plaza Padre Jerónimo de Córdoba, 11.
Teléfono: 954 60 00 16

Horarios:
13:30-16:30 y 20:00-24:00, excepto domingos noche y lunes enteros, que cierra.