LaSanta

LaSanta: «Sanas pretensiones»

Por Debarra

Nombre LaSanta
Dirección Calle Regina, 4 (  )
Horario De 13:00 a 1:00 de martes a domingo; julio de 19:00 a 1:00
Teléfono 663331022
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza

Y volvemos a la zona de La Encarnación para sentarnos en una de las últimas aperturas: LaSanta. Un pequeño local que, orientado hacia su agradable terraza con grandes ventanales y una decoración que estriba entre lo alternativo y lo vintage, se abre paso en la gastronomía de Las Setas.

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La cocina no es demasiado elaborada ni tampoco simple. Ni tradicional ni de vanguardia. Pero el peligroso concepto de lo poco definido ha encajado bien en LaSanta. Es un «de lo que puedo, lo que me da la gana» bien hecho. Tú ven y yo te daré de comer. ¿El qué? Pues una ensaladilla de postín o el crostrini de humus con aguacate y huevo de codorniz. Sevillanos y del mundo.

Antes de sentarnos a cenar en estas líneas, ha de venir la mención negativa al servicio. Era un martes por la noche y tan solo un camarero (simpático y profesional, eso sí) atendía en los veladores y el interior. Démosle tiempo, quizá unos meses, que se asienten, rueden y conozcan lo que necesitan para ofrecer un buen servicio.

¿Qué hay para empezar?

Para empezar, pedimos la ensaladilla de pulpo, esa que tan de moda está desde hace unos años pero que no siempre es un acierto pedir. Lo cierto es que la de La Santa superó las expectativas: aquello sabía verdaderamente a pulpo. Había un respeto absoluto hacia el producto plasmado en una modesta pero eficaz presentación. Lo que tiene que ser y se espera de esta tapa.

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Poco a poco iban saliendo platos de cocina. Y los comensales, parejas y amigos de entre 20 y 40 años en su mayoría, se iban arrimando con ávidas pretensiones a las mesas. Lo nuestro fueron unas croquetas de puerro y gorgonzola de masa finísima, casi líquida, muy buenas de sabor. Resultaron el sustituto perfecto de algo que no quedaba en la cocina de LaSanta: rollitos de salmón y brócoli con salsa de limón. Tampoco pedimos una suculenta hamburguesa de ternera retinta y aspecto delicioso que más tarde vimos pasar. Volveremos a por ello.

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Continuamos con algo que nos generó dudas al leerlo en la carta. Disculpen aquí mi ignorancia, pero nunca imaginé la carne de lagartito en revuelto. Así que con desconfianza y recelo nos aventuramos, que en los bares, de vez en cuando, hay que arriesgar y descubrir. Porque el sabor a brasas del lagartito en el revuelto fue eso: un descubrimiento en un rincón de la Calle Regina que nunca esbocé. Para gustos, colores. Y para mí, lo mejor de la cena.

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Después llegó el crostini, que solo era interesante por el leve recuerdo en su sabor a la cocina mexicana, pero nada más.

¿Y qué hay de postre?

A veces, es difícil colocar la guinda sin que ruede hasta el suelo. Y LaSanta caminó de puntillas en la hora de los postres. Le faltó poner dicha guinda con firmeza. Entre las tartas que nos ofrecieron, de zanahoria y de queso, nos decantamos por la segunda. No estaba mala, desde luego, pero tampoco resultó ser ninguna exquisitez.

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La cena, en general, nos dejó buenas sensaciones, porque la comida sabía a lo que tenía que saber. No había alardes ni decoros innecesarios en una carta que parecía sencilla y abarcable. Solo un bar agradable en el buen tiempo que ofrece con gusto la comida que sabe puede hacer. Ese es el mayor logro de este benjamín que desde hace unos meses anda entre la creciente competencia de Las Setas: el no abarcar más de lo que le cabe en la mano. Es la llamada creatividad con cautela. Así que solo tendrá que pulir detalles en torno al servicio y algún plato que aún no está del todo conseguido. Despacito. Que La Santa pisa fuerte y sabe dónde lo hace.