Nombre Soravito
Dirección Valparaíso, 13 (  )
Horario De 12:30 a 16:30 y de 20:30 a 00:00
Teléfono 954235117
¿Tiene Cruzcampo? No
Terraza No

El Porvenir está de moda. Me lo ha dicho el gentío que se agolpa en las terrazas los fines de semana. Me lo ha confirmado el Parque de María Luisa. Sus luces. Las familias. Y también Soravito: pieza fundamental en el barrio a la que siempre hay que volver. Más aún cuando su carta ha ido variando, como es el caso.

¿Qué encontramos en Soravito?

Este pequeño restaurante se encuentra en una esquina de la calle Valparaíso. Si va en coche, podrá aparcar con facilidad para ir a cenar, aunque en los mediodías y festivos la cosa se complica.

Llegó hace diez años con unas tapas en su mayoría de origen mediterráneo con toques franceses y asiáticos. Pero en los últimos meses la cocina de Soravito también se ha abierto levemente hacia lo mexicano, país de origen de su cocinero. La carta de vinos continúa en su línea: perfecta para dejarse aconsejar y navegar más allá del Rioja.

Con el rugido del estómago asomando por la boca, empezamos por Oriente con unas gyozas de carne con especias. El relleno de esta empanada japonesa, delicioso. La masa, sin embargo, nos resultó ligeramente densa. Pero tampoco nos pongamos malajes: duró muy poco sobre la mesa, así que tan densa no sería.

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Después decidimos probar un arroz con verduras y gambas bañado en soja. Buenísimo. Aunque los condimentos, como pueden ver, ganaron demasiado terreno a los granos de arroz. Poco nos importó.

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Apuesta por la calidad

La apuesta por la calidad de la materia prima es una constante. Se demuestra en cada plato. Y así llegamos a Francia con el foie miscuit: un producto delicatessen que se sirve junto a un puré de manzana. “Es de lo que más sale”, aseguró el camarero. Normal.

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Aterrizamos en Sudamérica con algo de dudas. Y efectivamente los chocos a la mexicana no nos terminaron de convencer. Tal vez al pico de gallo le faltaba la intensidad que guarda esta cultura. Estaba bien de sabor, pero nosotros anhelamos algo más de pique. Será cuestión de gustos.

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Faltaban dos platos por salir: la hamburguesa de ternera, que llegó sin pan y sobre una patata para cautivarnos, y la cama de boletus con huevos de codorniz. Esto último de lo mejor de la noche. Nos lo ofrecieron como «falso ragú de setas». Y lo cierto es que desde un principio nos entró por los ojos. Ahora sé que no nos confundimos.

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Soravito ─o “el Moraíto”, como algunos le conocen en el barrio─ es tan pequeño como acogedor. El lugar perfecto para degustar un buen vino y probar bocados de diferentes tradiciones culturales sin excederse en el precio. Por eso al final sentenció con el tiramisú italiano. No tendrá demasiadas cosas. Pero todas están por algo.