¿Se puede tener éxito en cada nueva apertura? ¿Y que todo siga yendo bien? Eso es lo que quería comprobar en mi visita a este restaurante de Sevilla, el tercero de la saga Tradevo de Gonzalo Jurado.

Lo primero que me sorprende es la zona donde han abierto que no es la zona del centro más señalada de Sevilla por la calidad de su restauración. Pero ahí están ellos, en el esquinazo entre la cuesta del Rosario y la plaza de la Pescadería. A escasos cinco minutos andando del Ayuntamiento o de la Catedral es más fácil de alcanzar por los turistas que por los sevillanos que no tenemos ningún parking cercano ─salvo quizás el de la calle Imagen.

Así fue mi primera visita a este Tradevo

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Entras en un local diáfano, de techos altísimos y con una pared principal de la que cuelga su emblemática pizarra y que recuerda mucho a esas paredes portuguesas de azulejos.

Entreveo a Gonzalo Jurado en la cocina y ya se que todo va a ir bien, lo veo corriendo de un lado a otro, concentrado en lo que hace, pero atento con su equipo.

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Sus tapas de siempre ─esas que están siendo copiadas por tantos bares de Sevilla desde que abrió el primer Tradevo ─  no las pensaba probar hoy pero no resisto la tentación de tomar una sardinita marinada sobre pan de tomate y pimientos, perfecta y diferente a todas las que han proliferado.

Eso sí, me he controlado y no he pedido ni en el cartucho de boquerones al limón ni en los dados de berenjena ni en mi plato favorito, los tallarines de sepia con verdura.

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Mientras llega me han puesto unas aceitunas convencionales que me he apresurado rápidamente a cambiar por unas aceitunas calamatas griegas con pomelo rayado que están, con su sabor diferente e intenso, al nivel de cualquier otro plato de los que sirven.

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Un sencillo plato de tomate ecológico bien aliñado con aceite de oliva virgen extra y escamas de sal. En verano eso es ajustarse a los paladares de la ciudad. Sentido común made in Tradevo

Aparte de lo que aparece en la pizarra y en la carta, me tientan con su carta de productos de mercado (calamar de potera, langostinos de Sanlúcar, navajas gallegas…), pero mis ojos se van a su «nuevo concepto de gambas al ajillo» que resulta estar delicioso. Servido en una copa de cristal de vermú con una salsa con textura que puede recordar al ajo blanco y que lleva unas gambas peladas con el punto justo de cocción. Una de las primeras innovaciones de Tradevo.

Y justo después pruebo el pulpo parrillado, papada de cerdo y puré de apio-manzana que me sorprende por lo bien que están hechas ambas cosas y lo bien que se conjuga con el puré. Con platos así como este de Tradevo se enriquece el tan manido término de gastrobar.

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El único plato de Tradevo que me despista son sus alitas confitadas y deshuesadas empanadas al curry. Quizás porque me tiene malacostumbrado a unas frituras ligerísimas y esta se me queda, en comparación, algo vasta, aceitosa e insípida.

Toda la comida la he tomado acompañado primero de una Cruzcampo servida en una copa perfecta y después con su selecta  oferta de vinos generosos. La E de Argüeso y la Panesa me han ayudado a rematar su tabla de quesos y han sido mis acompañantes en esta visita que ha puesto aún más alto el listón de la consideración que tengo por don Gonzalo Jurado y sus Tradevo´s.