Nombre El Bistec
Dirección Pelay Correa, 34 (  )
Horario De 12:00 a 16:30 y de 19:30 a 01:00
Teléfono 954274759
¿Tiene Cruzcampo?
Terraza No

Nombrar el Bar Bistec es nombrar Triana, porque este establecimiento es Triana por los cuatro costados. Y no lo digo porque tenga de vecina a la madre de la Virgen, en ese templo parroquial de Santa Ana, faro de los habitantes del barrio; ni por la adyacente plazuela del mismo nombre, que a lo largo de los últimos años pasó por peores y mejores tiempos. Lo digo, simplemente, por las generaciones de trianeros que, desde 1932, año de su fundación, han pasado por su barra de taberna antigua, de paredes encaladas y maceta de geranios. Así es como yo recordaba el Bar Bistec, y hacia él me dirigí de nuevo, con la esperanza de encontrar siquiera algún vestigio de lo que mi memoria albergaba.

¿Qué encontramos en el Bar Bistec?

Bueno, afortunadamente, el Bar Bistec ha sabido agradecer un buen remozado, gracias al cual ha recuperado la plaza (demasiado llena de veladores, señor alcalde) y un espacioso salón donde recibir a su clientela. Público que sigue estando formado por los vecinos de Triana, pero también por los numerosos turistas extranjeros que acuden a este barrio en busca de lo desconocido porque, dicho sea de paso, los atractivos turísticos de Triana, y mira que los tiene, no están lo suficientemente «interpretados», como ahora le gusta decir a los cursis.

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No obstante, y a pesar de esos cartelones horribles con la carta escrita en varios idiomas que estropean la fachada de la casona que alberga al Bar Bistec, dejamos a un lado lo estético pues lo importante era catar la comida, esperando conseguir aquello que Proust obtuvo con la magdalena: volver a la infancia, a pasear con mi padre, al colegio, a los triduos en noviembre, a las catequesis semanales en la parroquia, a don Juan y al callejón del Cisne que comunicaba con la esquina de mi calle.

Así es su carta

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Bocaditos de mejillón

Así que lo primero que hice nada más sentarme fue buscar en la carta esos bocaditos de mejillón que eran mi perdición, y allí siguen, flamantes, deliciosos y suaves, con ese mismo sabor, esa misma textura cremosa y sabrosa, ese empanado crujiente y maravilloso. La comida comenzaba bien, sí señor. De modo que a base de raciones y medias raciones (muy abundantes en cualquier caso) pues en los veladores de la plaza no se sirven tapas, continué con el almuerzo. El plato de aliño de gambas parecía un bodegón costumbrista: buenos crustáceos, coloridos pimientos y tomates, y un aderezo con aceite de oliva virgen y vinagre de calidad, que están pidiendo pan desde el primer vistazo. Y entonces llegó el milagro, porque el pan servido proviene, nada más y nada menos, que de la Panificadora El Cachorro, a la que tengo el gusto de frecuentar cada día y que sirve uno de los mejores panes de Triana, por no decir de toda Sevilla. Pan prieto, blanco, como los de antes, con su buen migajón denso como un castillo inexpugnable.

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Aliño de gambas

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Y aún hay más

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Montadito de gambas con alioli

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Chipirones a la plancha

La media de chipirón plancha que vino a continuación superó mis expectativas. La salsa verde no se repitió después, afortunadamente, y los chipirones estaban tiernos y en su punto. Así como el montadito de gambas con alioli, que sirvió para rematar la comida. La carta, no obstante, es amplia. Destacan el pescado y los fritos, así como las carnes a la plancha y los montaditos. Y el bistec, por supuesto, que le da nombre al local. Todo ello aderezado con las sugerencias del día, un dato a tener siempre en cuenta.

Me quedé con las ganas de probar alguna de sus especialidades, como las palomas, las codornices o las cabrillas, pero eso se quedará para la próxima visita. Que habrá seguro, pues el Bar Bistec merece muchísimo la pena, y no sólo por sus platos, sino también por un servicio de camareros extremadamente atento que te hace sentirte como en casa.

Por otra parte, si llegan a Triana con vehículo propio, no desesperen si después de varias vueltas no han conseguido encontrar sitio para aparcar. Hay varios parkings públicos en los alrededores (Altozano, Plaza de Cuba y Maristas) y buenas conexiones de autobuses y taxis.

Como anécdota, merece la pena destacar aquí que el Bar Bistec ocupa una casa que fue el antiguo Hospital de Santa Catalina, del siglo XVI, perteneciente al gremio de los olleros de Triana. De modo que los salones que otrora sirvieron para curar las enfermedades de los trianeros, hoy sirven para curar otros males. Quizás los del alma.